Torbellino de Pasiones
Cuando lo abrí, los mensajes seguían llegando y eran del mismo número, por lo que, con pena por invadir la privacidad ajena, pulsé sobre el último mensaje y las palabras se expusieron ante mis ojos.
A medida que los leía, las piernas me temblaban y un frío invierno invadió mi cuerpo. Mi pecho se comprimió, dificultando el paso del aire y las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos. Entonces, para terminar de convencerme, los leí en susurros: «Querido, ¿cuándo volverás?», «¿aún no te has aburrido de la mojigata de tu esposa?», «sé que te casaste por despecho, cariño, pero juro que no te engañé, Diego. Por favor, vuelve y termina con esa farsa de matrimonio que has montado para vengarte d