Mi esposo, su héroe
En cinco años de matrimonio, jamás le vi a Ana una sonrisa dirigida a mí, pero en ese momento, su cara brillaba al hablar con Elsa.
Desde el principio, nunca había sido la nuera que ella quería. Y, después de tantos intentos fallidos por quedar embarazada, mucho menos.
En su mirada siempre había una sombra de decepción. Por un tiempo pensé que, al fin, con mi embarazo, las cosas podrían mejorar entre nosotras... pero ahora, ¿para qué?
Apenas me vio, Elsa me lanzó una sonrisa forzada, de esas que se nota que no salen solas.