Hubiera Sido Mejor Nunca Haberte Conocido
En cuanto oyó el ruido, levantó la cabeza, y sus ojos se iluminaron al instante.
—¡Isabela! —corrió hacia mí y me sujetó la mano—. Sabía que me amas demasiado como para abandonarme.
No me aparté, quería comprobar hasta dónde llegaba su descaro.
—Escúchame —me miraba fijamente, la voz cargada de cautela—. Yo no hice nada malo, no te fui infiel, nunca te he traicionado, el hijo que lleva Marina no es mío. Entre nosotros no hubo nada inapropiado. Solo la cuido por respeto a mi hermano, porque ese bebé es lo único que dejó. Isabela, tú sabes que la mujer que amo eres tú. ¿Recuerdas cuando tuve fiebre y no bajaba? Tú misma fuiste a buscar un amuleto para salvarme. Eso significa que también me ama