Un Contrato Con Mi Jefe
—dice con ironía, y niego con la cabeza.
—¡Claro que no, imbécil! Resulta que tenía prisa por llegar a una entrevista de trabajo, y para mi sorpresa, la entrevista era conmigo —me mira asombrado—. Ni siquiera revisé su hoja de vida, la contraté bajo la absurda excusa de que debía pagar los daños, pero en realidad solo quería verla más seguido —tomo un trago de whisky—. Entonces, cuando surgió lo de la herencia, no supe a quién recurrir más que a ella. Le ofrecí pagarle el triple de su salario y cinco millones de dólares. Después de pensarlo, aceptó y firmó el contrato.