RESURRECCIÓN: El Origen de Malena.
—No tengo por qué pedirle permiso, mucho menos me importa su opinión; esta actividad siempre la he hecho, y mi madrina también.
—Ana ya no está —me recordó, colocándome el dedo en la herida, causándome dolor—. A los esclavos hay que mantenerlo en la ignorancia; mientras más aprendan, más se querrán rebelar contra su amo, y ellos no son iguales a nosotros, son bestias, seres sin alma, que han nacido para servirnos, y tú Estefanía, eres parte de ellos, una hija del pecado. Así que ya es hora de que te vayas ubicando en tu verdadera realidad —sentí cómo se comenzaba a encender mi ira, no podía entender ni aceptar que Adrián hubiese sido parido por aquella mujer que posaba frente a mí.