Una esposa para el rey
— Si salimos, no tanto, de pende de donde salgamos —se formó un silencio mientras los dos hombres seguían avanzando sin detenerse y a paso acelerado, la pendiente se había suavizado muchos kilómetros atrás y ahora caminaban hacia arriba, como si la cueva estuviera ascendiendo una montaña inclinada e infinita — no sé por qué ese lugar se llama así — dijo Maiken después de un rato, esa historia sí la conocía Maiken.
— Por los esclavos — le dijo él — los robaban desde el otro continente, ya sabes, los hombres y mujeres de piel oscuro y ojos azules son el doble de fuertes y resistentes que un humano pálido, como ellos nos llaman, así la mano de obra de ellos era muy importante antes de que los L