La señora no perdona al infiel
Julieta, dulce y serena; Sofía, bonita y adorable.
Bajo aquella luz cálida, la escena era tan hermosa que parecía una pintura al óleo.
El apuesto Héctor estaba sentado en el sofá, viendo caricaturas en la televisión.
Todo parecía cálido y armonioso.
Héctor apartó la mirada de la pantalla y la posó sobre madre e hija.
De pronto, habló por iniciativa propia:
—Escuché que ayer, en el centro comercial, la esposa de Renato, de Nexora Sistemas, lo cachó con otra mujer. Y para colmo, la otra está embarazada.