Jugando con fuego
¡Maldita desquiciada!
El pecho de Leonel bajaba y subía exageradamente mientras su corazón latía de tal manera que parecía a ver corrido un gran maratón a toda velocidad, incluso la temperatura de su cuerpo subió provocándole un leve sudor; en Dayana fue todo lo contrario, dejo de respirar un momento, al escucharlo su corazón pareció detenerse por completo y su cuerpo experimentó un extraño frío interior, como si de un viento gélido se tratara, su piel se erizo dándole una sensación de frío extremo.