Peligrosa seducción
El pelinegro succiona mi pecho izquierdo; su dedo del corazón juguetea con mi centro.
—Los… —mi pecho sube y baja. No puedo ni siquiera hablar. Ver a Gael tocar su miembro es oro puro, se ve tan inocente, tan puro, tan perfecto. A diferencia de Noah que con sólo verlo te invita a pecar. Me voy a volver loca.
—Colócate a medio lado cariño, así que cuando entre, no te va a dolor tanto perder la virginidad por detrás.—mi cuerpo está helado, pero le hago caso. Gael se prende de mis labios esperando el movimiento que le dé la entrada.