Una semana para el amor
Se notaba, desde cualquier distancia, punto o ángulo, que esos dos, realmente se amaban; que se amaban mucho y que su amor, realmente, era de esos pocos que existían, en su mayoría, solo en películas o novelas.
«Aunque, a veces, la realidad supera cualquier historia de libro», pienso de pronto, muy convencida de ello.
—Lorey —escucho la voz de mi amiga.
—¿Si?
—¿Te gustaría acompañarnos? —me pregunta gentil y, ante su propuesta, ya tenía una clara respuesta.
—Me encantaría, pero… —sonrío— yo, de verdad, tengo mucha, pero mucha, mucha hambre —preciso firme (con lo cual me gano unas sonrisas divertidas por parte de mis amigos.