Mi Esposo es el Presidente
Quería cada detalle igual… solo que con ella en el altar y Rose en el público.
Isabel recorrió el pasillo lentamente, observando a los invitados, a su madre —Bianca, quien la miraba con orgullo—, y finalmente a Asher… quien la esperaba en el altar, con la mirada clavada en el suelo. Ni una sonrisa, ni una lágrima, ni siquiera nervios. Solo vacío. Como si caminara hacia una condena.
Cuando Isabel llegó al altar, el sacerdote les sonrió con dulzura y alzó la voz con solemnidad: