EL ALFA DESPIADADO Y SU LUNA FALSA.
Y cuando alzó la mirada al fondo de la catedral, Aslan la observaba desde el altar y ya su corazón perdió el ritmo.
Su loba rugió en silencio, un llamado instintivo, desesperado, necesitado. Ansiosa de cada paso que ella daba hacia él
Hacia su mate.
Hacia Aslan.
Y nada, parecía capaz de detenerla.
Finalmente Isabella llegó al altar con el corazón latiéndole tan fuerte que sentía cada golpe en los oídos. Sonrió, nerviosa pero decidida, sosteniendo el ramo con fuerza. Frente a ella, Aslan permanecía de pie como una estatua, impecable en su traje oscuro, pero sin una sola curva en los labios.