La Niñera Novata
Aunque con la cara que traes, cualquiera diría que acabas de regresar de un velorio.
Luisa suspiró e intentó sonreír un poco, al menos para que algo de color natural llegara a su rostro.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
María miró a Luisa con las cejas levantadas.
—Sí, pero antes, ¿me ayudas con esa remolacha? Hay que lavarla y picarla, en cuadritos muy pequeños, lo más que puedas.
Como si fuese una especie de autómata que acaba de salir del laboratorio de su creador, Luisa tomó la remolacha y se puso a hacer lo que María acababa de pedirle.