Niña Mala y Billonaria
—Sí, ya me doy cuenta, ¿pero qué voy a hacer ahora?
Myriam torció los labios.
—Por ahora, Tina, ve al baño y repásate el maquillaje, que pareces la novia de Chuky, y después bajemos a la fiesta y cantemos tu cumpleaños.
Cuando regresamos al salón, evité mirarlo. Ya no quedaba nada de la chica rockera que le había dedicado una canción para llevarlo a su apartamento y besarlo. Disimulé lo mejor que pude mi tristeza, además de la sensación de mil dudas que me corroía, y soplé las diecisiete velitas con una enorme sonrisa y después de haber pedido mi deseo de cumpleaños (que no es muy difícil de adivinar).