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Amor Devorado por el Fuego

Amor Devorado por el Fuego

El día de mi cumpleaños, yo, Luna García, y mi hermana adoptiva Susana García sufrimos un accidente automovilístico. Las llamas ya me habían consumido, pero mi prometido, Manuel Sánchez, señaló el asiento del copiloto y gritó a los socorristas: —¡Salven a Susana primero! ¡Tiene un problema cardíaco! Al despertar, mi rostro estaba desfigurado y los médicos me dieron un mes de vida como máximo. Más tarde, por el bien de los intereses de ambas familias, todos decidieron que Susana se casaría en mi lugar con mi prometido. Manuel, con el corazón apretado, acarició los vendajes que cubrían mi cara y me hizo una promesa: —Cuando te mejores, la posición de señora Sánchez seguirá siendo tuya. Yo acepté con una sonrisa. Incluso regalé, como obsequio prenupcial para ella, todas mis acciones, propiedades y las obras de arte que no había revelado al público. Gracias a mis pinturas, ella se convirtió en una artista renombrada, admirada por todos. Durante una entrevista con los periodistas, nuestra madre, Irene Jiménez, lloró emocionada: —¡Menos mal que no le pasó nada a ella en el accidente! ¡Si no, nuestra familia habría perdido a una genia! Manuel también anunció a los cuatro vientos que ella sería la única y legítima esposa de la familia Sánchez. Lo que no sabían era que la verdadera genia los observaba desde las sombras, con una mirada gélida. Y todas aquellas cosas que yo misma les había regalado, desde el principio, no fueron más que ofrendas que preparé para mi venganza.
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Como Patas Para Chocolate

Como Patas Para Chocolate

—Señor, ¿todavía tiene pepinos en su casa? Présteme uno... Un huracán se acercaba y la mejor amiga de mi hija se quedó atrapada en mi casa. Por la noche, vino a buscarme con las mejillas encendidas para pedirme un pepino, y me dijo: —Es que tengo un poco de hambre. Quiero comer un pepino para entretenerme. Al ver las dos puntitas que se le marcaban bajo el camisón, se me encendió la sangre y le dije: —Este señor tiene algo más sabroso que un pepino.
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Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron

Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron

Mi mejor amiga y yo nos casamos el mismo día con los hermanos Alcázar. Por coincidencia, incluso quedamos embarazadas al mismo tiempo. Yo me casé con el hermano mayor, un reconocido psicólogo; ella, con su hermano menor, un prodigio de la medicina. Debido a las molestias del embarazo, Sebastián decidió manejar y llevarme para realizarme un chequeo prenatal. Pero a mitad del camino, una sola llamada de su ex, la mujer que nunca superó, bastó para que cambiara de rumbo y me dejara atrás. Llorando, me aferré a su brazo. —Sebastián, te lo suplico… afuera está lloviendo a cántaros. ¿Puedes llevarme primero al hospital? Él apartó mi mano con impaciencia. —Ella se cortó la muñeca. ¡Podría morir! ¿Puedes dejar de ser tan inmadura? Tengo que ir a vendarla. Tú puedes ir sola al hospital. La lluvia caía como si el cielo se estuviera rompiendo. Y Sebastián me dejó sola en plena carretera. No tuve más opción que llamar a mi mejor amiga para que viniera por mí. Nunca imaginamos que, en el camino, un enorme camión de carga se lanzaría directo contra nosotras. Mientras perdía el conocimiento, la escuché llorando, llamando a su esposo… Pero lo único que recibió fueron reproches. —No inventes tonterías, Elena. Solo porque estoy acompañando a Daniela, ¿ahora vas a mentir sobre un accidente? Al final, fueron unos desconocidos que iban pasando quienes llamaron a la ambulancia. Gracias a ellos, sobrevivimos, pero las dos perdimos a nuestros bebés. Cuando despertamos en el hospital, nos miramos y sonreímos amargamente. —¿Te vas a divorciar? —Sí.
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Nadando En Las Medias De Mi Ahijada

Nadando En Las Medias De Mi Ahijada

—Padrino, ¿así es la postura correcta? Estábamos en el Club Deportivo y le enseñaba a mi ahijada la técnica para entrar al agua. Briseida se inclinó, dejando su trasero bien firme en alto, y sin querer terminó rozando mi paquete. Sentí un corrientazo, una sensación eléctrica que me sacudió. Pero lo que más me excitó fue lo que pasó después de que saltara. Como era malísima para nadar, empezó a chapotear con desesperación en cuanto entró al agua y, entre tanto ajetreo, se le soltó el hilo del bikini. Me lancé de inmediato a rescatarla. Ella forcejeaba y se aferraba a mí con todas sus fuerzas, haciendo que se la rozara una y otra vez. Y lo más increíble era que su padre estaba ahí mismo, observándonos a un lado de la alberca.
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Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mi hermana adoptiva, Clara, me tendió una trampa. Afirmó que la obligué a beber sangre de bestia. El terror, según ella, le provocó un ataque al corazón. Debido a eso, mis tres amados hermanos vampiros me encerraron. Me atraparon en el observatorio, en la torre más alta, vinculada por una maldición de sangre. Golpeé la puerta, impotente, explicando y suplicándoles que me dejaran salir. Damien, mi hermano mayor y jefe de nuestra familia, me atravesó con una mirada de fría decepción. Luego, me dio la espalda. —Tu egoísmo tiene un límite, Lilith. Clara es una humana frágil. ¡Tiene una afección cardíaca! ¿La obligaste a tragar esa inmundicia? ¿Intentabas matarla? No quiero volver a ver este lado cruel de ti. Quédate aquí y piensa en lo que has hecho. Ethan, la estrella de rock, y Julian, el arquitecto gótico, ni siquiera pudieron mirarme. Sus voces estaban tensas por la ira y el agotamiento. —¡Soportamos tus berrinches, pero no para que lastimaras a nuestra familia! Nos has fallado, Lilith. Quédate ahí dentro y comprende lo que hiciste mal. Luego, levantaron con cuidado a la "inconsciente" Clara y desaparecieron por el pasillo. Pero ellos no lo sabían. El observatorio solo debía abrirse por la noche, pero algo falló. Cuando llegó la mañana, la cúpula no se cerró. La luz del sol, mortal para nosotros, entró directamente. Mi poder se evaporó. Mis gritos se convirtieron en silencio. Me convertí en cenizas. Tres días después, mis hermanos regresaron con una Clara "recuperada". Solo entonces se acordaron de mí. No tenían idea de que el sol ya me había ejecutado.
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Cruel Traición: Mi Compañero Rompió Nuestro Vínculo

Cruel Traición: Mi Compañero Rompió Nuestro Vínculo

Mi Alfa, Damon, y yo crecimos juntos. Nuestro vínculo de compañeros destinados se encendió en el segundo en que pusimos un pie en los terrenos de la Academia de Élite del Lobo. Él me miró con ojos de ternura y me dijo que tenía una sorpresa para mí en el Festival de la Luna Nueva de la Academia. Dijo que tenía que subir al escenario. Mi corazón se aceleró mientras caminaba hacia él. Me rodeó con sus brazos desde atrás, sujetándome con fuerza. Me dijo que cerrara los ojos y esperara. Al segundo siguiente, las luces se encendieron de golpe. Vi a la hija de otro Alfa parada frente a mí, con unas tijeras de plata en la mano. Zas. Mi cabello largo siempre había sido mi orgullo. Ahora, yacía en mechones arruinados sobre el suelo. El salón estalló en los aullidos excitados de la manada. Su risa fue la más fuerte. La más hiriente. Al día siguiente, se enteró de que iba a abandonar la Academia. Una ola de su poder de Alfa incontrolado chocó contra mí. —¿Te vas? ¿Por un simple juego? Me di la vuelta con calma. —Sí.
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Adiós, Novia Cruel

Adiós, Novia Cruel

Acepté cambiarme de escuela junto a mi amiga de la infancia, a quien acosaban constantemente, pero ella se retractó el último día. —No puedo creer que fingieras que te acosaban todo este tiempo solo para deshacerte de Harry —se burló su amiga—. Es tu amigo de la infancia. ¿En serio vas a dejar que se vaya solo a otra escuela? —Es solo otra preparatoria en esta ciudad. ¿Qué tan lejos podría estar? —dijo Lena sin ganas—. Ya me harté de que siempre esté cerca de mí. Solo quería distanciarme de él. Me quedé parado frente a la puerta un largo rato ese día, antes de decidir darme la vuelta e irme. Sin embargo, en la solicitud de transferencia, en lugar de escribir Preparatoria Haleswood, anoté el nombre de la escuela a la que mis padres querían que asistiera, la cual estaba en el extranjero. Parecía que todos habían olvidado que, desde el primer momento, Lena y yo pertenecíamos a mundos totalmente distintos.
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Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Giorgo Romero, el Don de la familia Romero, cayó en una emboscada tendida por un demente suicida que llevaba explosivos atados al cuerpo. Cuando eso ocurrió, mi esposo, Fabio López, y sus hombres ya se habían marchado a un desfile de moda con su amor de la infancia, Reina Digiorno, para escoltarla y protegerla allá. En lugar de presionar el botón de señal en mi anillo, me lancé hacia Giorgo a pesar de estar a punto de dar a luz. Así, con mi propio cuerpo, lo protegí de la explosión. Sin embargo, en mi vida anterior, sí había presionado el botón. Fabio había dejado plantada a Reina para regresar corriendo a la escena y salvarle la vida a Giorgo. Gracias a ese mérito, lo ascendieron al puesto de subjefe. Pero Reina se enfureció con Fabio por abandonarla antes de tiempo y, por pura rabia, cruzó la autopista sin mirar a los lados. Así fue como la atropellaron y murió. Fabio no dijo nada… pero el día en que entré en trabajo de parto, me mandó a una casa de subastas clandestina. —¡El Don tenía a tantos soldati protegiéndolo! ¿Por qué me obligaste a volver, entonces? ¿No es porque solo querías la gloria de ser la esposa del subjefe? ¡Si no fuera por ti, Reina no habría muerto! ¡Debes sufrir mil veces lo que ella sufrió! Yo solo podía mirar cómo los invitados pujaban por mis órganos, uno por uno. Ni siquiera el cordón umbilical de mi recién nacido se salvó de la subasta. Al final, morí por una infección que se produjo mientras me arrancaban los órganos. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que emboscaron a Giorgo.
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¡Ni en esta vida! ¡Te suelto ya!

¡Ni en esta vida! ¡Te suelto ya!

Renací. Volví a los 18 años, justo antes del examen de admisión a la universidad. Era el año en el que Diego Alonso más me amaba, y también el último. Porque ya había conocido a su verdadero amor, Valeria Reyes, la mujer por la que se enamoraría de verdad. Por ella, fue capaz de todo, al punto de que me pidió ser su novia, solo para distraerme de mis estudios. Así que en lugar de la universidad de élite en la que hubiera podido entrar, terminé en una simplemente ordinaria. Hasta fingió un accidente para retenerme y que me perdiera el concurso; todo para que Valeria ganara esa medalla de oro. En otra ocasión, cuando Valeria perdió mucha sangre, él me manipuló para que donara una cantidad excesiva. Esto arruinó mi salud para siempre, dejándome con dificultades para quedar embarazada. Al final, Diego se vio forzado a casarse conmigo, pero pasaba los días sumido en la depresión, obsesionado con las fotos de su amor. El día que supo que Valeria se casaba, me abandonó sin piedad y se quitó la vida por amor. En esta vida, por fin estoy despierta. No volveré a amarlo. Solo quiero ser egoísta, y amar únicamente a mí misma. Entonces cuando Diego me preguntó con arrogancia: —Renata, ¿quieres ser mi novia? Yo, tranquilamente, negué con la cabeza. —No.
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Las tarjetas del perdón se acabaron

Las tarjetas del perdón se acabaron

Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
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