Los rostros del CEO
— Bien, tal vez podría servirme en un par de meses cuando Aba entre en su licencia de maternidad — Oliver asintió con la voz, estaba más cayado de los normal ese día, pero tenía una sonrisa tonta — hueles a sal.
— Es que mi ropa está mojada de las aguas termales, son los minerales — Cornelius caminó hacia su escritorio y le tendió un sello con pastillas.
— Una cada doce horas — le dijo y luego se sentó — ¿Estás seguro que no utilizarás a los abogados de tu empresa con este tema? — Oliver negó — bien, ya llamé a mi sobrino, cuando confirme vendrá al país, es el mejor abogado que conozco, pero cuidado Oliver, es un perro, tonto, bromista y parece que aun tuviera veinte — Oliver se rio.