Tabú: Ataduras y Pecados
Inquietante.
Savanah se detuvo, su copa de agua con gas olvidada en la mano. Su mundo era de medidas exactas, tiempos precisos, sabores que podían ser diseccionados y comprendidos. Aquella cosa… aquella cosa era lo opuesto. Era el caos primordial. Y, contra toda su lógica, no podía apartar la mirada. Un frío recorrió su espina dorsal, pero no era el frío del aire acondicionado. Era un escalofrío de reconocimiento primal, de un deseo que mantenía encerrado bajo siete llaves dentro de sí. Su estómago se contrajo.