De Su Amor a Su Venganza
Estoy dispuesta a aguantarlo todo, porque amo a Sebastián y voy a luchar por él.
Con esas palabras, se inclinó hacia adelante. Frente a millones de espectadores, se dejó caer desde la silla de ruedas y golpeó la frente contra el suelo una y otra vez. El sonido seco y repetido —“¡pum, pum, pum!”— llenó la grabación. En cuestión de segundos, la sangre le manchó la frente.
La escena era tan exagerada como efectiva. La compasión del público no tardó en desbordarse.