A la caza del lobo
Eran músculos histéricos, tensos, fibrosos, aferrados por venas que parecían raíces.
Los ojos de Sara, su ansiada mate, hicieron lo mismo.
Los devolvió a su lugar con una palmada en la mejilla.
—No seas descortés, Sara. Es aquí donde debes mirar. —Apuntó bajo su clavícula derecha—. En el lugar de donde vengo hay ritos para demostrar el valor. Uno de ellos, el más importante, es el Ugsh'ka, "ojos en todas partes". Para superarlo hay que encontrar un objeto sagrado que es arrojado al fondo de un risco. No sólo hay que sortear las rocas escarpadas y resbalosas, también los insectos venenosos y otras alimañas. Yo lo superé a los nueve años, con un brazo y una pierna inútiles. La ironía es que no