La obsesión de Kael
Siempre terminas debajo.
La visión de Lía se nublaba, los latidos retumbaban en sus sienes, sabía que estaba a punto de perder la conciencia por resistir. Miró la bandera, debía tomarla, debía ganarle a esa mujer. La bestia dentro de ella rugió, exigiendo salir. Un gruñido grave brotó de su pecho, tan profundo que hizo vibrar el aire entre ambas. Fatia se tensó al sentir cómo el cuerpo de Lía comenzaba a retorcerse. De pronto, su piel se tensó, las venas ardieron y los huesos crujieron bajo la presión de la transformación. En un estallido de fuerza, el cuerpo de Lía se expandió y desgarró la ropa, la loba de pelaje oscuro se revolvió bajo el agarre, y con un movimiento brutal se zafó, empuj