El arte de la Revancha
Tras despedir a su cliente, Elías regresó a su penthouse, y la calma reinaba en el lugar, se quitó el impecable traje y entró a la ducha, dejando que el agua caliente relajara la tensión acumulada en sus hombros.
Al salir, se puso un short cómodo de tela suave, dejando al descubierto su torso ancho y esculpido, estaba en excelente forma física y lo sabía perfectamente, tantos años trabajando en un sector de litigios y disputas de alto riesgo—donde los enemigos no siempre jugaban dentro del marco legal—lo habían llevado a practicar boxeo con disciplina, no que siempre solucionara sus conflictos a golpes, pues su mejor arma siempre fue la estrategia calculadora, pero le gustaba estar preparado