La amante del Ceo por Accidente
—Hijo, el dinero no compra la felicidad, si yo me hubiera puesto a gastarlo en lujos, ya no tendría nada de eso, en cambio, hemos vivido con lo necesario y casi no he tocado eso.
Guarde el dinero nuevamente, sin embargo, él no paraba de hablar de que éramos ricos, si realmente le dijera que esto solo es una pequeña fortuna de su padre, creo que se volvería aún más loco.
El bajo a la cocina, en eso mi teléfono sonó, era un número desconocido, mi miedo era que fuera una amenaza para nosotros.
—Diga —fue lo único que dije.
—Hola, Valentina, soy Amelia.