VIDAS CRUZADAS
PARTE TRES: UN HIJO QUE NO SE PUEDE AMAR
CAPÍTULO SIETE
Más rápido de lo que hubiera pensado el mismo Diego, lograron llegar al parque donde la pequeña Fernandita estaba esperando por su padre junto con la señora que siempre cuidaba de ella.
Y de pronto, todo lo que pudo ver la señora Leticia teniendo a la pequeña ahí, a su lado, fue un carro lujoso pararse en el parque al mismo tiempo que dentro, dos personas parecían discutir algo. Efectivamente esa gente discutía ahí dentro un solo asunto, un asunto que Andrea no hubiera imaginado discutir con un hombre como él. Algo ahí se estaba saliendo de las manos de Andrea.
—Venga, señorita Muriel, venga por favor —dijo Diego con una enorme sonrisa