Imperio de Plata y Ceniza
La equidad es para los leales; el costo de la desconfianza es financiero.
Alek observaba la escena desde su sitial de piedra alta, con los brazos cruzados y una expresión de profundo orgullo grabado en sus facciones rudas. Kael, en su interior, contemplaba a la estratega no solo como una compañera, sino como la mente maestra que estaba consolidando el poder que su fuerza bruta había reclamado. La conexión entre ambos, sellada en la intimidad de sus aposentos, vibraba ahora en el plano público como un aura de autoridad absoluta que hacía que los consejeros bajaran la cabeza al paso de la pareja.