La ley que nos atrapa
Nada más hacerle esa pregunta, me sentí girada entre sus brazos, para luego, ser alzada por ese hombre decidido, desquiciante y enloquecedor, que como la primera vez que quiso castigarme, me besó hasta que mi mente se perdió entre las nubes intoxicantes del maldito deseo.
Definitivamente Marcus y yo nunca seremos como el resto de las parejas, donde la tranquilidad, el aburrimiento, y el sosiego es una tónica, eso es imposible, nos alimentamos de amor, pero también del conflicto, es algo que nos lleva a perdernos en el otro, como dos malditos polos opuestos, que no paran de atraerse hasta estar completamente unidos, justo como ahora donde, donde nuestra ropa sobraba, y nuestros cuerpos desnud