Maximiliano Fisterra
¡¿ME HAS OÍDO?
—¡ES UNA POCA COSA!
—¡DEJA DE INSULTARLA!
—¡¿POR QUÉ?!
—¡PORQUE ES MI ESPOSA! ¡YA TE LO DIJE! —acerco mi rostro al suyo y la miro fijamente y muy furioso—. Porque es mi esposa y más vale que te alejes de ella si no quieres que me vea en la penosa necesidad de desaparecerte, pero antes..., antes me divertiría un poco viéndote sufrir —amenazo muy firme y divertido—. Ahora sí..., adiós... amor —articulo burlón y, sin más, la suelto bruscamente para empezar a salir de ese lugar