Mi pequeña fugitiva
Entre su preocupación por Leo y la fiesta de San Valentín cerca, no tuvo tiempo para pensar en nada más.
Cuando el día de los enamorados por fin llegó, la tienda se desbordó de trabajo, incluso con las manos extras que había contratado. Aunque muchos clientes habían hecho sus pedidos desde semanas antes para evitar contratiempos, había otros que llegaron de último momento buscando un detalle especial. Antonella había previsto esto, ya que no era la primera vez que sucedía, y tenía muchos ramos preparados que no tenían dueños. Aunque trataba de no juzgar a nadie, había quienes definitivamente merecían quedarse solos.