Domando al amor
Cada beso, cada caricia era un ancla en medio del abismo.
Por un instante, el ruido lejano de motores desapareció. Solo existían ellos, el roce de sus cuerpos, el calor del otro.
Eva lo atrajo más cerca, devorándolo con los labios, como si quisiera grabar su sabor en la memoria antes de que el mundo los alcanzara de nuevo.
El deseo crecía, ardiente, imposible de contener.
Un crujido los hizo detenerse. Luca se giró de inmediato, el rifle en las manos. Eva se cubrió con la manta, con el corazón desbocado.