El Precio de Perderte
—Por las segundas oportunidades —dijo Rafael, levantando su taza de café en un brindis pequeño y privado, haciendo eco sin saberlo de palabras que alguna vez, en otra vida, se habían utilizado para orquestar la caída de Miguel en lugar de celebrar su recuperación.
—Por las ganadas —corrigió Miguel, con algo tranquilamente resuelto en su voz, y chocó su taza suavemente contra la de su amigo, viendo la ala brillante y esperanzadora llenarse de familias que nunca entenderían del todo lo que había costado, al final, construir el suelo en el que ahora estaban parados, pero que, al menos, llegarían a estar parados en él de todos modos, enteros y cuidados, exactamente de la manera en que cada perso