Sufrida
Algo de un reto provocado por una de las bailarinas, que pretendía dejar en mal lugar a la hermosura de ojos que no quiero dejar de mirar.
—Amaia es la mejor, de eso no hay dudas.
Mi mente, en este mismo instante, se debate entre dos emociones. Rencor y satisfacción.
Satisfacción, porque una mujer tan hermosa, debe tener un nombre que esté a la altura. Y, por Dios, él de ella grita a voces: sensualidad, entrega y belleza. De solo deletrearlo con mis labios, puedo sentir como fluye sin problemas desde muy dentro de mí.