Renací para destruir el trono de mi hermana
Ella se pasaba las noches llorando, consumida por los celos y el rencor, mientras veía cómo yo subía, paso a paso, en la corte de la Sangre.
Al final, llegó el día del ritual de luna llena. Me citó en los acantilados con cualquier excusa barata.
No había ni un alma. Abajo, el mar rugía golpeando las rocas y el viento nos azotaba el pelo contra la cara. Recuerdo que me sonrió... y, de un solo golpe, me empujó al vacío.
Esa sensación de caer, de sentir que la vida se me iba, se me quedó grabada.