Arderemos en lo prohibido.
La espada en sus manos no vacilaba, sus músculos estaban entrenados para soportar más que bien su peso con cada movimiento, pero traspasar la carne y huesos de sus enemigos, era muy distinto a matar corderos o cerdos, el olor a sangre era diferente, oxido y sal, molesto, aunque no mucho, más malestar le causaban los gritos y no solo de sus enemigos, los niños Bach eran ruidosos y miedosos se dijo a ella misma luego de escuchar a la féminas nombrar a Dios, pues ella tenía noticias, Dios no entraba en sus tierras, a menos no el Dios que los Bach conocían, ellos creían en más, espíritus misteriosos, bondadosos y también vengativos, el viento hizo danzar su cabello, como ayudándola, dándole su f