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La Vaporera: Así Me Mató por Ella

La Vaporera: Así Me Mató por Ella

Cuando la exnovia de mi esposo sufrió quemaduras con agua hirviendo, él, para castigarme, me metió en una vaporera lo suficientemente grande para una persona y subió la temperatura al máximo. —¡Pagarás el daño que sufrió Luciana, multiplicado por mil! —sentenció. Atrapada en ese espacio estrecho, apenas podía respirar, mientras mi cuerpo ardía y yo le suplicaba entre lágrimas: —¡Por favor, voy a morir! Pero él, abrazando a su exnovia, se marchó sin mirar atrás. —Tranquila, no morirás. ¡Pero sí entenderás el sufrimiento de Luciana! Grité desesperada dentro de la vaporera mientras el agua hirviendo, debajo de la bandeja, me salpicaba la piel. Poco a poco, mi voz se fue apagando. Él se fue de viaje al extranjero con su exnovia, y, solo una semana después, al regresar al país, recordó mi existencia. —Esa maldita ya debe haber aprendido su lección. ¡Sáquenla de ahí! Lo que él no sabía era que en aquella vaporera, que había dejado calentarse cuando el agua se evaporó, mi cadáver ya estaba cubierto de gusanos.
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Vendió el diamante y él la premió

Vendió el diamante y él la premió

Durante el mayor evento de ofertas del año, la asistente “inocente” de mi prometido vendió un diamante de un quilate por un solo centavo. En apenas veinte minutos, la empresa perdió doscientos millones. Yo temblaba de la rabia, pero Alejandro me sostuvo entre sus brazos para calmarme: —No te preocupes, déjamelo a mí. Esa misma noche, Luciana publicó en redes una transferencia de más de un millón, la cual venía acompañada con un mensaje apenas perceptible, ’para toda la vida’. Junto a la foto ella escribió: [Hoy cometí un gran error, pero mi jefe me consoló. Incluso me pidió que no discutiera con esa bruja loca, y que me portara bien.] Yo no me contuve y le comenté la publicación: [Qué bonito, que les dure para siempre.] Luciana borró la publicación al instante. Minutos después, Alejandro irrumpió en la habitación y me dio una bofetada. —¿Qué intentas al darle “me gusta” a la publicación de Lucy? ¡Ahora se siente tan mal que incluso quiere suicidarse! Solo se perdieron doscientos millones, ¿de verdad tenías que empujarla hasta ese punto? Hablaba con total seguridad, como si tuviera toda la razón. Sin embargo, más tarde cuando ni siquiera podía pagar veinte pesos para comer, ¿por qué terminó llorando?
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Forzada a ser la pareja del Alfa

Forzada a ser la pareja del Alfa

—Es mi pareja —dijo Jason en voz baja, con la cabeza un poco inclinada.En ese momento se abrió la puerta que teníamos detrás y sentí que el viento entraba en el edificio.Y sentí algo más. Algo que no podía describir.…No, no lo es —gritó otra voz, un poco retumbante, como el timbre que Jason dijo que tendría la voz del Alfa—: Ella es mía.-Pensaba que mi vida no podía ser peor, teniendo una familia maltratadora y un acosador que hacía de mi vida un infierno. Sólo mi novio hombre lobo, Jason, me convenció de ir a las tierras de su manada, donde estaría a salvo.Pero en cuanto llegamos allí, descubrí que «a salvo» era la última palabra que podía utilizar para describir mi situación.Primero, era la única humana allí. Segundo, Jason me mintió y nunca fue mi pareja. Y tercero, no podía volver al mundo humano, porque el Alfa me reclamó como suya, y ahora soy prisionera de por vida."Forzada a ser la pareja del Alfa" es una obra de Caricia Dulse, autora de eGlobal Creative Publishing.
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Me Robaron el Corazón y la Vida

Me Robaron el Corazón y la Vida

El corazón compatible que llevaba dos años esperando terminó en manos de Alicia García porque mi esposo, Alejandro Guerra, decidió dárselo. El médico me dijo que apenas me quedaba una semana de vida. Así que tomé una decisión: someterme a criopreservación. Dejé establecido que, cuando muriera, mi cuerpo fuera donado al proyecto de investigación de Alicia. El día que firmé la autorización de donación, mi hijo, Enrique Guerra, se lanzó a mis brazos y dijo: —Por fin tú y Alicia hicieron las paces, mamá. Mis padres me felicitaron por haber entendido al fin que entre hermanas había que quererse y apoyarse. Alejandro, aliviado, dijo que por fin había dejado atrás el rencor y había entrado en razón. Yo apenas sonreí. Sí, esta vez sí había aprendido la lección. Iba a devolverle a Alicia mi lugar como hija de la familia García y darles a todos exactamente lo que querían.
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Nubes Sin Intención, Viento de Pasión

Nubes Sin Intención, Viento de Pasión

En el octavo año de salir con Julián, Yanet fue hospitalizada por una enfermedad. El día que salió del hospital, accidentalmente escuchó en el pasillo la conversación de Julián con su hermana. —¿Julián, te volviste loco? ¿De verdad le diste la médula ósea de Yanet a Sofía sin que ella se enterara? Sabías claramente que la salud de Yanet no es buena, ¿y la engañaste diciéndole que era enfermedad estomacal para que corriera este riesgo? Sofía era la pequeña amiga de la infancia que Julián había querido por muchos años. Yanet no lloró ni hizo escándalo, llamó a sus padres que estaban en el extranjero y aceptó el matrimonio arreglado con la familia Luna...
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Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

—Mm... me arde todo... cómo lo quiero... En el vagón de literas del tren que me llevaba de vuelta a casa para las vacaciones, la extraordinaria universitaria que dormía en la litera de abajo estaba teniendo uno de sus episodios de sonambulismo. Tenía las piernas abiertas y las caderas moviéndose sin parar, retorciéndose despacio. Hacía tiempo que quería saber qué se sentiría estar con ella. Aprovechando que en ese momento parecía perdida en un sueño erótico, me colé en su litera...
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La secretaria del Alfa me hizo arrodillarme

La secretaria del Alfa me hizo arrodillarme

Soy la hija del Rey Alfa de la Alianza de Hombres Lobo, con sede en Valdoria. Para darle una sorpresa a mi prometido Alfa, a quien nunca he conocido, Lucas Howell, oculté deliberadamente mi aroma real como loba de sangre noble. Vestida con una camiseta blanca y unos jeans que parecían comunes, entré al salón donde la manada Sombra Oscura celebraba su evento anual. Apenas tomé asiento en la mesa principal, que había sido reservada para mí, sentí que alguien me arrojaba un vaso de líquido rojo encima. Una loba con un vestido rojo de escote pronunciado estaba de pie frente a mí. Su expresión rebosaba desprecio. —¿De dónde saliste, maldita renegada? ¿De verdad crees que puedes sentarte en la mesa principal? Mientras limpiaba las manchas de vino de mi ropa, hice todo lo posible por contener la ferocidad de mi loba. —Lucas reservó este lugar específicamente para su compañera. ¿Por qué no puedo sentarme aquí? La loba soltó una risa, como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo. Luego señaló la insignia que llevaba en el pecho y dijo con burla: —Soy la secretaria personal de Lucas y también la futura Luna, reconocida por todos. En esta manada, mi palabra es la ley. —Guardias, saquen a esta mestiza delirante y arrójenla afuera. Qué coincidencia. Justo en ese momento, Lucas acababa de enviarme un mensaje, pidiéndome que anunciara nuestra relación lo antes posible. Saqué mi celular y marqué su número. Luego activé el altavoz. —Tu secretaria personal dice que es la futura Luna y ha ordenado que me saquen. ¿Cuál es tu explicación para esto?
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Descubrí el Fraude de mi Matrimonio

Descubrí el Fraude de mi Matrimonio

Cuando Adriano Morelli se dio cuenta de que no le había pedido ni un centavo para los gastos de la casa, me llamó por primera vez en meses. —Serafina — dijo, con esa voz suave y paciente que usaba para dominarme —. Ya arreglé lo de la clínica. Estás en prioridad de nuevo. ¿Lo ves? Cuando dejas de complicar las cosas y aprendes cómo funciona esta familia, yo me encargo de que estés bien. Siempre sonaba más amable cuando me recordaba quién tenía el poder. Lo que él no sabía era que, para cuando su nombre iluminó mi pantalla, los documentos de divorcio ya estaban redactados. A los ojos del mundo, lo tenía todo: un penthouse vigilado, chofer personal y ropa de diseñador. Pero, sobre todo, tenía el apellido del hombre más temido de la ciudad. Sin embargo, nada me pertenecía. Cada centavo de las tarjetas estaba monitoreado y el efectivo debía ser aprobado. El personal no se movía sin la venia de Viviana Costa; sus órdenes siempre iban antes que las mías. Mi presupuesto, mi agenda y hasta el acceso a la oficina de la familia... todo pasaba por sus manos. Adriano lo llamaba conveniencia. Tres días antes, me habían llevado de urgencia a una clínica privada. La sangre empapaba mi vestido mientras un médico me explicaba que aún había posibilidades de salvar al bebé, siempre y cuando se pagara el depósito de emergencia. Llamé a Adriano hasta que me temblaron las manos. Viviana atrasó la transferencia. Primero dijo que no tenía autorización; luego, que el monto era demasiado alto; después, que Adriano estaba en una reunión y no se le podía interrumpir por algo que tal vez no fuera grave. Para cuando el dinero llegó, ya era tarde. Había perdido a mi bebé. Me quedé con Adriano por dos razones: lo amaba y creía que me elegiría por encima de todo. Me equivoqué en ambas. Nuestro hijo murió primero. Mi matrimonio murió con él.
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La Mestiza Que Terminó Con El Alfa

La Mestiza Que Terminó Con El Alfa

Dexter, mi compañero destinado, se convirtió en el Rey Alfa cuando su hermano murió. No solo heredó la corona y el poder, sino también a Jenica, la viuda de su hermano. Todo porque yo, por ser una mestiza, no había podido darle un heredero de sangre pura en todos estos años. Me dijo que tenía que marcar a Jenica y sentí que el alma se me partía. Aun así, me abrazó con fuerza, secó mis lágrimas con sus besos y juró que su lobo y su destino solo me pertenecían a mí; que yo siempre sería su única Luna. Le creí. Pero, a pesar de sus promesas, él seguía pasando cada noche en la cama de ella. Entonces, Jenica quedó esperando cachorros. Mientras la manada celebraba, Dexter me obligó a dejar la suite de la Luna; quería que su cachorro naciera bajo el aura lunar más pura de la manada. Sentí cómo nuestro vínculo se deshacía dolorosamente, hilo por hilo, así que le envié un último mensaje en clave a un amigo del mundo humano. “Sácame de aquí en cuatro días”. Esa noche tomé una decisión. Mi tiempo como su compañera había terminado.
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Se arrepintió de robar mi insulina

Se arrepintió de robar mi insulina

Mi novia tenía uno de esos amigos que ella insistía en que era prácticamente de la familia. Durante una caminata en grupo, él sabía que yo tenía diabetes y no podía comer nada con alto contenido de azúcar, pero aun así me convenció de comer una barra energética muy azucarada, y mi nivel de glucosa se disparó casi al instante. Cuando saqué mi insulina para inyectármela, el pánico me atravesó. Habían cambiado mi medicamento por solución salina. Me desplomé al suelo, temblando y con arcadas. El falso chico amable solo me miró desde arriba con una sonrisa torcida y engreída. —¿En serio, hombre? Estás exagerando. Es solo un poco de azúcar. Menos mal que le dije a Selene que cambiara tus medicinas, o nunca habríamos sabido hasta dónde eras capaz de llegar para fingir. Con un cuerpo tan débil, ¿cómo se supone que vas a proteger a Selene? Me volví hacia mi novia, mientras mi respiración empezaba a volverse superficial. —Selene, dame mi insulina. Si no me la inyecto ahora mismo, voy a morir. Ella frunció el ceño, como si el irracional fuera yo. —Estás sobreactuando. Nunca he oído que alguien muera por un poco de azúcar. Adrian tiene razón. Siempre estás buscando llamar la atención. Hoy por fin logramos reunirnos todos, y tú vienes a arruinarlo. Sentí que todo dentro de mí se enfriaba. Ya ni siquiera me molesté en discutir. Tomé mi teléfono con manos temblorosas y, con voz ronca, dije: —Mamá, tu hijo está a punto de que lo acosen hasta la muerte. ¿Vas a intervenir o no?
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