¿Nos casamos? ¡Es un trato!
— Alma arrugó el entrecejo, confundida, cuando vio a la oficial entrar en el pasillo, nuevamente, pensando que anunciaría el final de la visita, no obstante, la oficial abrió la celda.
— Ya puede irse, señorita Contreras, han pagado su fianza. — Gruñó la oficial, con mucha seriedad.
Alma dio un paso hacia afuera, dudosa, pero un segundo después, los brazos de su madre la aferraron con fuerza, en un abrazo que pareció interminable.
— ¿En serio puedo irme?.
— Sí, pero tiene prohibido salir de la ciudad… Y tendrá que presentarse en la audiencia que será en unos días.