Santo Pecado
Era alto y de hombros anchos, brazos fuertes y porte elegante, se movía con agilidad felina abarcando el espacio con confianza, pero en cuanto la miró a los ojos algo en él cambio, titubeó, aunque se recompuso rápidamente.
El sacerdote bajó de un salto la escalera del altar y se interpuso entre las monjas y el mafioso para que la chica tuviera tiempo de correr, pero justo en ese instante, Adriano disparó directo a uno de los santos de tamaño natural haciéndolo volar en mil pedazos.
— ¡Nadie se mueva! — Ordenó con seguridad, no era momento de echarse para atrás — Y tú — Señalando al sacerdote — Déjala ir, ¡Ella me pertenece! — Dijo con altivez.