Esposa No Amada
El ácido se me sube a la garganta, me quedo sin aliento, volteo a ver de nuevo la casa, y una ola de calor se me sube al rostro, cierro los puños.
—¿Me trajiste a la casa de tu amante? —la indignación hace que vea rojo.
—No es mi amante —me lanza una mirada amenazante—. Deja de comportarte así.
—Ah, perdón, ¿entonces esposa? ¿Mujer de un rato? ¿Puta?
—Tú eres mi esposa, nunca he tenido mujeres de un rato, solo follones de una noche, y las putas no me van, a menos que sean de clase alta.