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La falsa muerte de la Donna

La falsa muerte de la Donna

Cuando Elijah me engañó, no lloré ni armé un escándalo. Simplemente fingí que no sabía nada. Cuando tuvo a Naomi como amante, me tragué el dolor y lo soporté todo. Después de todo, tenía un hijo hermoso con Elijah. El niño me amaba y yo quería darle una familia completa. Pero todo cambió el día que descubrí que mi propio hijo Kai iba con Elijah a esa otra casa y llamaba "tía Naomi" a esa mujer con tanto cariño. En ese instante decidí que no aguantaría una sola humillación más. Le dije a mi amigo de la infancia que quería el divorcio. Me miró fijamente y dijo: —Hazel, todos en Neópolis saben que Elijah te ama más que a su vida. Su influencia abarca toda la ciudad. Dejarlo no va a ser fácil. Sin embargo, respondí con frialdad: —Entonces que Hazel muera. Que muera frente a Elijah. Que vea desaparecer a su esposa con sus propios ojos. A partir de ese momento, no quedará ninguna Hazel Foster en este mundo. Cuando me enteré de que Kai prefería a Naomi, me di cuenta de que haber soportado todo durante los últimos dos años no había sido más que un mal chiste. Esta vez, se acabó: ya no quiero a mi esposo, y tampoco quiero a mi hijo.
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Te abandoné con tu bebé

Te abandoné con tu bebé

Cinco años como la Sra. Fernández bastaron para que Victoria Lima despertara por completo un mes después del nacimiento de su hija. Daniel Fernández reservaba todo su cariño a su prima, mientras exigía que ella fuera sensata e independiente. —¡Divorciémonos! ¡Estoy harta de estos cinco años! —exclamó ella frente a todos. Él solo sonrió con sarcasmo: —¿Por qué te has vuelto tan irracional de repente? Siempre con lo mismo del divorcio. No fue hasta que ella desapareció que él descubrió que nada funcionaba sin ella. Tres años después, se cruzaron en una cumbre internacional. Ella brillaba como maestra de arquitectura. Cuando él se arrodilló para rogarle que volvieran, ella pasó junto a otro hombre, sonriendo con elegancia. Más tarde, Daniel recibió una invitación de boda. La novia lucía un hermoso vestido blanco, recostada en el pecho de su amigo. Con los ojos enrojecidos, irrumpió en la ceremonia, pero solo alcanzó a oír su susurro: —Daniel, ser sensata cansa demasiado, ahora solo quiero vivir para mí.
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A ella la salvó, a mí me abandonó

A ella la salvó, a mí me abandonó

Si tú y el primer amor de tu esposo sufren un accidente al mismo tiempo, ¿a quién rescataría él? Alejandro García alzó a su primer amor en brazos y se marchó. La vida se desvaneció: el hijo se había perdido y, con él, murió por dentro Sofía Herrera. Un acuerdo le había dado a Sofía la oportunidad de casarse con el hombre al que más quería. Todos sabían que había conseguido ese matrimonio luego de romper la relación entre Alejandro y su primer amor. Todo para quedárselo. Ella creyó que el tiempo lo haría valorarla, que eventualmente llegaría el momento en que él la mirara de verdad. Hasta el día en que tuvo que enterrar con sus propias manos los restos del bebé de tres meses que nunca llegó a nacer. Fue entonces cuando finalmente abrió los ojos. —Divorciémonos. Un acuerdo sencillo, para quedar a mano. Tres meses más tarde, bajo las luces brillantes y entre el murmullo de la multitud, ella subió al escenario a recibir un reconocimiento. Él la miró con sorpresa por algunos segundos antes de voltearse hacia los presentes con calma y decir: —Así es, ella es mi esposa. —¿Esposa? Sofía dibujó una sonrisa en sus labios mientras le pasaba el acuerdo de divorcio. —Disculpe, señor García, ahora soy su exesposa. Ese hombre siempre tan sereno y frío perdió el control en ese instante. Con los ojos inyectados en sangre y la voz quebrada, gritó: —¿Exesposa? ¡Yo jamás acepté eso!
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Liliana Rivas
Que novela tan mala. Los capítulos inconclusos no se supo si Alejandro se dió cuenta que Florencia no estaba embarazada. No hubo final ni se concreto nada en la historia. Lis capítulos súper largos y siempre lo mismo. De verdad para mí no merece ninguna estrella
Carolina Andrea Flores
Hasta ahora me gustó mucho... me molesta que no esté terminado pero bueno, cosas que pasan. Ahora, si se estira mucho más no voy a poder seguirla porque me estoy empiezando a aburrir. Si encima al final termina con Alejandro, me pego un corchazo. Tanto leer para que Sofia no haya aprendido nada!
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La Falsa Demencia de la Donna

La Falsa Demencia de la Donna

Durante tres años fui la Donna de los Valenti, una familia que no dejaba de ganar poder. Un día, Enzo se reunió en un club privado de puros. Como me preocupaban sus problemas de estómago, fui a llevarle sus antiácidos de siempre. Me quedé afuera del salón privado y escuché reír a sus hombres. —Don Enzo, ¿de verdad va a seguir escondiendo a Clara en la mansión de Lago Plateado toda la vida? —Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti. Enzo se masajeó el puente de la nariz. —Si no se hubiera llevado un balazo en la cabeza por salvarme ni perdido la razón, y de no haber necesitado yo con tanta urgencia el dinero de su familia, jamás me habría involucrado con una mujer ajena a esta vida. Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad: —Pero Clara es mi esposa legal. El fideicomiso familiar y el acta de matrimonio del registro civil están a su nombre. Stella no es más que un juguete que tengo guardado en la casa principal. En cuanto Clara dé a luz a un heredero, la traeré a casa para siempre. Apreté la caja de antiácidos hasta que mis nudillos palidecieron; el cartón se arrugó en mi mano. En la iglesia, él había intercambiado conmigo juramentos de sangre y anillos, pero fue Clara quien firmó los papeles en el registro civil. Me tomó por estúpida con tal de proteger la reputación de esa mujer. Apretando la caja contra mi pecho, di media vuelta y volví a perderme entre las sombras. Él no tenía ni idea de que yo había recuperado la cordura hacía tres días. Jamás se imaginaría que ya le había enviado un mensaje cifrado a mi hermano, quien dirigía un imperio empresarial desde nuestro hogar en Solaria, al otro lado del océano. Estaba harta de cargar con ese maldito título de los Valenti.
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No Quedan Más Perdones

No Quedan Más Perdones

Cada vez que mi esposo, Dave Tarrett, se quedaba a dormir en casa de su exnovia, Maggie Gorringe, me regalaba un edificio más. A los dos años de casados, ya tenía 285 propiedades comerciales distribuidas por todo el país. Y eso significaba que Dave me había traicionado 285 veces. Después de recibir la escritura de la propiedad número 286, Maggie me envió otro de sus videos burlones. —¿Y qué importa que Dave te dé dinero? Soy yo quien tiene su corazón y su cuerpo. Tal vez seas una supermodelo famosa en todo el mundo, pero ni siquiera puedes hacer que tu propio esposocomparta la cama contigo. No valía la pena discutir. En vez de eso, le envié el nuevo conjunto de Victoria's Secret de mi desfile más reciente. Cuando Dave se enteró de mi "generosidad", decidió compensarme llevándome a una reunión de la alta sociedad. Durante uno de los juegos de la fiesta, Maggie perdió tres veces seguidas y recibió el reto de lamer crema batida del muslo de un playboy. Maggie tomó una botella de vino, la rompió de un golpe y presionó el vidrio afilado contra su cuello. —¡Dave, no permitiré que me humillen así! Dave, que siempre aparentaba ser frío e indiferente, se puso nervioso de inmediato. Después me miró a mí. Como siempre. —Es solo crema batida —dijo en voz baja—. Hazlo por ella. Te prometo que esta noche me iré a casa contigo. Todos esperaban que armara un escándalo. Pero permanecí serena y acepté sin protestar. Él no sabía que esta era la vez número 287 que me rompía el corazón. Y yo ya estaba cansada de ser su obediente mascota. Cuando terminara de pagar la deuda que tenía con él por haberme salvado la vida, nuestro matrimonio terminaría para siempre.
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La hija abandonada

La hija abandonada

Bianca estaba muriendo. Tenía leucemia mieloide aguda en fase tres, el médico de la familia me lo dijo por teléfono: un trasplante de médula ósea era la única opción, y necesitaba una compatibilidad perfecta. Por suerte, las gemelas idénticas comparten un noventa y nueve por ciento de compatibilidad. Arrugué el informe del diagnóstico en el que mi nombre encabezaba la página: Gemma Blackwell. Era un error administrativo por el que el médico no dejaba de disculparse. Porque la gemela enferma era Bianca. La cura era yo. Tenía que volver a casa. La lluvia azotaba las ventanillas del taxi mientras imaginaba la escena: mi padre soltando el puro, mi madre ahogando un grito, yo explicando la confusión. «El informe lleva mi nombre, pero los análisis de sangre son de Bianca. Puedo solucionarlo antes de que sea demasiado tarde». La pantalla del celular se iluminó con una notificación del chat grupal de la familia. El mensaje de mi padre era breve: «Gemma se encuentra en fase terminal. Queda prohibido que Bianca sea donante. Es una decisión familiar». La sangre se me heló en las venas. Habían recibido el expediente equivocado. Creían que yo era quien agonizaba... y habían votado por dejarme morir. Al abrir la puerta y encontrar a mi padre, la temperatura bajó de golpe, congelando el mundo a mi alrededor. Las lágrimas me quemaban los ojos. No pude contenerlas. —Padre —dije, con la voz apenas firme—, tengo una pregunta para ti. Apartó la vista del puro, fastidiado. —Si fuera Bianca la que estuviera muriendo… ¿me habrías obligado a donarle médula? El salón quedó en un silencio sepulcral. Apoyó el puro sobre la mesa y se hizo una larga pausa. —No —dijo al fin—. Por supuesto, tenemos recursos. Buscaríamos a otro donante. Jamás te pediríamos que corrieras semejante riesgo. Esbocé una leve sonrisa. Apenas un gesto pequeño y triste. —Bien. Recuerda tus palabras. No te arrepientas después.
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La Princesa que los Abandonó

La Princesa que los Abandonó

Soy Elara, la única hermana de Ronan, el Alfa de la manada de Mooncrest. Desde que nací, Cassian, nuestro Delta, Orion, nuestro Gamma, y Nikolai, nuestro Beta, habían jurado que morirían antes de permitir que alguien me hiciera derramar una sola lágrima. Cuando quise alcanzar la luna, me construyeron una torre para intentarlo. Cuando el río estaba congelado en pleno invierno, me cargaron en sus espaldas para evitar que mis pies tocaran la nieve. Yo era su princesa, la loba a la que malcriaban en exceso, a la que protegían hasta de su propia sombra y amaban con locura. Y, por supuesto, yo también los amaba. Estaba tan segura de que alguno de los tres terminaría siendo mi compañero destinado. Entonces, Dana llegó a Mooncrest. Una loba forastera. Audaz. Hermosa. Intocable. Ninguna broma le hacía gracia y ninguna mirada lograba sonrojarla. En su primer día en el territorio, desafió a los guerreros de nuestra manada uno por uno en la arena de combate. Después de eso, todo se quebró. Cassian empezó a quejarse de mí y me llamó «cachorra malcriada». La primera vez que me abandonó temblando en medio de una tormenta solo para acompañar a Dana a casa, Orion y Nikolai se le echaron encima. —Cassian, la estás eligiendo a ella por encima de Elara —le advirtieron con dureza—. No vengas a llorar cuando te arrepientas. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Orion también se involucrara con ella. La noche de mi fiesta de cumpleaños, miré al único lobo que seguía a mi lado, Nikolai, con los ojos ardiendo por las lágrimas contenidas. —Nikolai... ¿esto es mi culpa? —le pregunté. Él me rodeó con sus brazos y me besó el cabello con ternura. —Ni lo pienses. Son unos idiotas. No tienen idea de lo que se están perdiendo. Pero unas horas más tarde, vi cómo él mismo colocaba la corona de piedra lunar, que me había prometido meses atrás, sobre la cabeza de Dana. Todo para hacerla sonreír. Esa fue la última vez que lloré por ellos. Con los ojos enrojecidos y el corazón roto, caminé hacia donde estaba Ronan. —Mooncrest celebrará el Rito de Selección para enviar a una loba a Frostfang en tres días —le exigí—. Y esa voy a ser yo.
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Noventa y nueve veces te perdoné

Noventa y nueve veces te perdoné

¿Cuánto me llegó a amar mi esposa? En aquel entonces, me pidió noventa y nueve veces que nos casáramos. Fue recién a la centésima cuando su insistencia terminó por conmoverme. El día de nuestra boda, le regalé noventa y nueve vales de reconciliación. Prometimos que, mientras le quedara uno solo, yo nunca me iría de su lado. Tras cinco años de casados, ella canjeaba un vale cada vez que salía a ver a su alma gemela. Al usar el número noventa y siete, ella notó de pronto que algo en mí había cambiado. Ya no había lágrimas ni escenas, ya no le suplicaba que se quedara a mi lado. Una vez, mientras ella perdía la cabeza por atender a su joven y mimado secretario, le pregunté en voz baja: —Si te vas con él, ¿puedo cobrar un vale de reconciliación? Se quedó pasmada un segundo y, extrañamente, cedió: —Está bien. Total, apenas habremos usado unos sesenta. Úsalo si quieres. Asentí y la dejé irse. No se imaginaba que era el noventa y siete. Ni que solo nos separaban dos vales del final.
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La traicionada Donna

La traicionada Donna

El día de mi revisión prenatal, descubrí que mi esposo, el Don, me había programado una cirugía para interrumpir mi embarazo en lugar de reservar mi paquete de atención posparto. Al principio creí que se trataba de un terrible error administrativo y estuve a punto de reírme en su cara. Sin embargo, Vincenzo me habló con una voz completamente gélida e inexpresiva: —No se trata de un error. Debo ser honesto contigo sobre algo. He estado saliendo con otra mujer; ella es buena y no tiene intenciones de suplantarte como la Donna. Pero quedó embarazada y ya la he hecho sufrir bastante. Le prometí que le daría a su hijo el apellido Moretti para evitarle cualquier humillación. Me quedé completamente paralizada en la camilla de exploración. —¿Por eso decidiste asesinar a nuestro hijo? —pregunté, con la voz temblándome por la impresión. Vincenzo me limpió el gel de ultrasonido del vientre y me dedicó una sonrisa cínica. —Quiero que adoptes al hijo de Giuliana. Voy a interrumpir tu propio embarazo porque temo que tengas favoritismos y termines tratando a su hijo de forma diferente si tienes uno propio. Acto seguido, me entregó un formulario de consentimiento con absoluta calma. —Te prometo que tú siempre serás la Donna de la familia. Ella jamás ocupará tu lugar. Le sostuve la mirada durante un largo y tendido silencio mientras los enfermeros comenzaban a trasladar mi camilla hacia el quirófano. No me resistí. Daba igual. «Vincenzo Moretti, te vas a arrepentir de esto cada día por el resto de tu vida». Él todavía no lo sabía, pero yo era la única mujer en este mundo capaz de darle un heredero legítimo.
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La Donna que el Mafioso Traicionó

La Donna que el Mafioso Traicionó

Jamás olvidaré el frío despiadado de las aguas del Río Veyra. En mi vida pasada, yo era Darlena Valentino, la futura Donna de la familia Marcus, pero mi prometido, Reed Marcus, y mi prima Alice Bennett se aliaron para traicionarme. Me arrebataron mi lugar y se adueñaron de los recursos de mi familia. Al final, en plena guerra entre familias, me empujaron al borde de la muerte y me usaron como escudo. En el instante en que la bala me atravesó el pecho, vi a Reed protegiendo a Alice con todas sus fuerzas. Y Richard Corleone, mi amigo de la infancia, el hombre que siempre me había acompañado en silencio, perdió la razón y corrió hacia mí, abrazando mi cuerpo inerte mientras rugía de desesperación. Creí que aquello era un amor que había llegado demasiado tarde. Por eso, después de renacer, eché a Reed de mi vida sin dudarlo y me casé con Richard, convirtiéndome en la Donna de la familia Corleone. Pensé que por fin me había salvado, pero nunca imaginé que el destino me guardaba una crueldad aún mayor. Porque esos dos hombres, en el fondo, siempre habían amado a la misma mujer. Si al final todo iba a ser así, entonces yo también me bajaría de esta farsa llamada amor.
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