La CEO del Oro
Me quejo más, y él se mueven a un más, estoy comenzando a sudar, y el igual, me aferro a su espalda, cierro los ojos, así ambos llegamos al punto de éxtasis, terminamos con la respiración agitada, yo le doy un beso en sus labios y él pega su frente con la mía.
—Con este acto tan puro, hemos sellado nuestro primer contrato, “La ceo del oro”, así te hiciste llamar desde que tomaste posesión de Joyas y piedras preciosas Damazko— lo tengo tan pegado a mi rostro que le sonrió por sus ocurrencias y lo vuelvo a besar, y comienza otra vez la trivialidad.