El Tesorito De La Juventud
Tac, tac, tac…
Con el sonido de tacones vi entrar a la otra inquilina: Leticia, con camisa blanca, pantalón negro de vestir y esos tacones negros.
Apenas cruzó la puerta, llamó varias veces a Mariana.
Se notaba que había tomado de más.
Como nadie contestó, gritó también mi nombre y el de mi hija.
Silencio otra vez. Leticia pareció tranquilizarse un poco y se dejó caer, medio borracha, en el banquito del zapatero.
Luego, para mi sorpresa, sacó de una bolsa un juguete que parecía… bueno, ya saben.