Pacto Infernal
Antes estaba preocupada, pero ahora, el terror se apoderó de ella visible en su máxima expresión, lo cual no fue ajeno para Pablo, quien no dejana de mirarla por el retrovisor.
“Pobre chica, ¿en qué la he metido” piensa él, mientras ella sólo tiene una sola cosa en su cabeza “¡¿Cómo voy a estar yo con este mafioso, si soy virgen?!”.
Luego de lo que pareció una eternidad, llegaron a la mansión. Rubén se desaparece enseguida, como si hubiese estando deseando salir de ahí a la carrera. Pablo se le acerca y, con delicadeza, la toma del brazo y la conduce escaleras arriba hasta llegar a una habitación.