LOGINElara se congeló en el instante en que su voz llenó la habitación.
“Abre las piernas, Elara.”
La forma en que pronunció su nombre —lenta, calmada y deliberada— le provocó un escalofrío frío.
Era la segunda vez que lo decía esa noche, y de algún modo el sonido en su boca golpeaba de forma distinta: suave, pesado.
Ella obedeció de inmediato.
Detente, se advirtió a sí misma. No pienses. No sientas.
Esperó, anhelando un toque, cualquier cosa… pero no llegó nada.
La ausencia era peor que el dolor.
¿Era todo parte de su castigo, o es que las esclavas sexuales no merecen placer? Haciéndola sentir indigna incluso de ser tocada. Como si sostenerla pudiera otorgarle consuelo, pudiera hacerla sentir humana de nuevo, y él se negaba a permitir siquiera eso.
La primera embestida la tomó completamente por sorpresa.
No solo fue inesperada… fue brutal, profunda y dura, enviando un dolor ardiente a través de su cuerpo.
“¡Ahhhh!” Los gritos de Elara rasgaron la cámara, aferrada a las sábanas de la cama como si fueran lo único que la mantenía firme.
Él era demasiado grande para ella… demasiado enorme para su coño apretado, dejándola sangrando y confundida. ¿Era porque era su primera vez o por sus embestidas duras y brutales?
No había nadie a quien preguntar.
Ninguna madre.
Ningún consuelo.
Ninguna respuesta.
Ahora estaba aquí de nuevo.
Sus dedos se apretaron alrededor de la tela mientras la agonía la atravesaba, peor que cualquier cosa que hubiera soportado, incluso peor que ver ejecutar a su padre. Este dolor en particular penetraba más profundo.
Kane no disminuyó el ritmo.
No le importaba.
Su polla se clavaba más profundamente dentro de Elara.
“¡Ahhhh!” Elara gimió, un grito bajo escapando de su garganta —medio sollozo, medio respiración agitada. Esto no era deseo. No se parecía en nada a eso.
Era un castigo.
Pura tortura.
Cuando se retiró, Elara jadeó, aferrándose al breve alivio, pero desapareció tan rápido como llegó cuando Kane volvió a embestirla.
Se mordió el labio, luchando por contener los gritos. ¿Y si se enfurecía más? ¿Y si empeoraba?
Las lágrimas ahora fluían libremente, nublándole la visión.
Su coño se estiraba más allá de sus límites, cada nervio gritando. Era insoportable.
“¡Mi señor!” gritó, intentando instintivamente moverse… pero él la inmovilizó.
“¡Mi señor, por favor!” suplicó.
“Mi señor…” susurró de nuevo. “Por favor… sé gentil.”
Sus palabras no significaron nada.
Él hizo lo que había venido a hacer.
La castigó.
No dijo nada.
El silencio era despiadado.
“¡Mi señor, por favor!!!” gritó. Ni una sola palabra ni sonido salió de él, ni siquiera un gemido, pero la tortura solo aumentaba. Realmente la estaba castigando con todo lo que tenía.
“¡Eso duele, Kane!” Elara sacudió la cabeza, las lágrimas rodando por sus mejillas.
Él se retiró de ella, y su rostro cayó sobre la cama. No podía respirar; su coño ardía y le escocía. Tragó saliva con fuerza, pero aún así no podía mover el cuerpo ni recordar que acababa de llamarlo por su nombre.
**Te llamó por tu nombre.** Murmuró su lobo…
Kane lo ignoró, mirando la mancha de sangre en la cama…
**Me encanta su audacia. Continuó. Y además es virgen.**
**“Cállate,”** espetó Kane y cortó el vínculo.
Se alejó. Elara se incorporó débil e impotente, el sudor goteándole por el cuerpo, el rostro cubierto de lágrimas y su largo cabello negro pegado a la piel húmeda.
Sintió algo húmedo resbalándole por los muslos. Olfateó, sin molestarse en mirar. Nunca había sentido tanto dolor en su vida. Acababa de perder la virginidad con el mismo hombre que ordenó la ejecución de su padre.
Se puso de pie, cojeando hacia la puerta cuando escuchó la voz fría de Kane.
**“Si te encuentro en mi cámara, le enviarás mis saludos a tu padre.”** La puerta se cerró de un golpe.
Elara tragó con dolor antes de obligarse a moverse. Cada paso era una tortura. Las piernas le temblaban mientras se vestía lenta y cuidadosamente, apoyándose en la pared para sostenerse.
Llegó al salón antes de que sus fuerzas fallaran.
Se derrumbó.
Aferrándose a un poste, se arrastró de nuevo hasta ponerse de pie.
Los guardias la miraban abiertamente al pasar, sus ojos siguiendo su forma maltrecha… pero ninguno se movió para ayudarla.
No se atreverían.
Elara siguió caminando.
**Solo lo está fingiendo.**
**Estoy seguro de que disfrutó cada segundo.**
Elara lloró, oyendo sus palabras crueles.
Llorando.
Sola.
A LA MAÑANA SIGUIENTE — HABITACIONES DE LAS SIRVIENTAS—Elara, irás con Evie a limpiar la habitación de Lady Anika —dijo Lady Claribel.La habitación quedó en silencio.Lizzy frunció el ceño.—¿Está segura de eso, mi lady?Algunas de las otras sirvientas se movieron incómodas.—Ella pidió específicamente a Elara —respondió Lady Claribel.—Pero… ¿por qué? —susurró alguien—. El Alfa…—Si ella está calentando la cama del Alfa junto con Lady Anika —dijo una sirvienta con brusquedad—, entonces limpiar su habitación no debería estar por debajo de ella.—Debería recordar cuál es su lugar —murmuró otra.Elara mantuvo los ojos fijos en el suelo.—Lo haré, Lady Claribel —dijo en voz baja.Levantó la mirada justo a tiempo para ver a Evie poner los ojos en blanco antes de salir.Lizzy se acercó a ella.—Ten cuidado, Elara. No confío en Evie. Mantente fuerte.Elara asintió y la siguió.---HABITACIONES DE LADY ANIKADentro de las habitaciones de Lady Anika, Clara estaba cepillándole el cabello cua
---**LA HABITACIÓN DE LADY CLARIBEL**El golpe en la puerta llegó suavemente.Demasiado suavemente.Elara se estremeció de todos modos.Ya estaba vestida, con un vestido sencillo que Lady Claribel le había insistido en ponerse en lugar del uniforme de criada. El baño caliente había aliviado el dolor de sus huesos, pero no el de su mente.Lady Claribel se enderezó de inmediato.—Yo veré quién es —dijo.La puerta se abrió.Dos guardias estaban afuera.—Venimos por Elara —dijo uno.La habitación se quedó en silencio.Lady Claribel tragó saliva; su mano se apretó en el pomo de la puerta. —Elara no se encuentra bien.—No puedes desobedecer la orden del Alfa —respondió el guardia.El corazón de Elara se hundió en el estómago.Claro.Esta amabilidad nunca había sido permanente.—Iré —dijo Elara en voz baja, antes de que Lady Claribel pudiera discutir.La mujer mayor se giró bruscamente. —Niña…—Está bien —susurró Elara. Levantó la barbilla, aunque las manos le temblaban—. No quiero que te m
HABITACIÓN DE LADY CLARIBELElara estaba despierta, pero no abrió los ojos de inmediato.Algo se sentía diferente.La superficie debajo de ella era suave... demasiado suave para ser la fría piedra a la que estaba acostumbrada, y el aire a su alrededor era cálido, casi reconfortante. Lentamente, con cautela, abrió los ojos y miró a su alrededor.Aquella no era la habitación de las criadas.Su corazón dio un vuelco. Entonces... ¿dónde estaba?—Estás despierta.La voz hizo que se tensara. Era la misma que había escuchado justo antes de que todo se volviera oscuro en el almacén.Lizzy se acercó, asegurándose de que Elara pudiera verla con claridad.—¿Cómo llegué aquí?—Lizzy te trajo —murmuró Lady Claribel.—Te desmayaste en el almacén —añadió Lizzy.Elara suspiró.—Deberías bañarte primero —continuó Lady Claribel con suavidad—. Tu cena ya está preparada.Lizzy ayudó a Elara a levantarse de la cama, sosteniéndola cuando sus piernas se debilitaron bajo su peso.—¿Cómo te sientes? —preguntó
CUARTO DE LAS SIRVIENTAS — AMANECERElara despertó al escuchar voces.Agudas.Molestas.Duras.—¿Está muerta?Otra soltó un resoplido.—Si lo estuviera, ya nos habríamos enterado.Sus pestañas se movieron débilmente. Cada parte de su cuerpo protestó con dolor cuando intentó levantarse. Un dolor punzante se había instalado entre sus muslos y su vientre, una sensación de ardor que le revolvía el estómago. Sus piernas se sentían pesadas, como si ya no le pertenecieran.Durante un instante de confusión, no recordó dónde estaba.Entonces, los recuerdos se estrellaron contra ella de golpe.La habitación del Alfa.Sus manos.Su voz.El dolor.El aire se le quedó atrapado en la garganta y una oleada de náuseas le revolvió el estómago. Cerró los ojos con fuerza, deseando poder devolver aquellos recuerdos a la oscuridad, pero se aferraban a ella como una segunda piel.Suspiró al darse cuenta de que estaba en el frío suelo de la sala de las sirvientas.Sin manta.Sin almohada.Sin consuelo.—Est
---«¿Así es como voy a vivir el resto de mi vida? ¿Como una esclava sexual?»Sus pensamientos fueron interrumpidos por la presencia de Lady Anika. Cinco doncellas caminaban muy cerca detrás de ella, y Elara se preguntó quién era.«¿Su amante?» Tragó saliva. «¿Por qué vendría aquí su amante?»Para estar con el Alfa, respondió su loba.Elara puso los ojos en blanco e intentó ignorarla.Como si hubiera leído sus pensamientos, Lady Anika le bloqueó el paso.—Buenas noches, Lady Anika —dijo Elara, haciendo una reverencia.Anika le dedicó una dulce sonrisa, sorprendiendo a sus doncellas, quienes habían esperado que arremetiera contra Elara.—Oh, pobre niña —dijo con una falsa tristeza en la voz.Elara tragó saliva y no dijo nada.—Sé lo que está pasando por tu mente... Siento tu dolor, niña. Mientras respires el mismo aire que yo, Elara, estarás sometida a más dolor. Me aseguraré de ello —juró Anika con tono serio.Los labios de Elara se entreabrieron, pero no pronunció una palabra.—¿Pued
Elara se congeló en el instante en que su voz llenó la habitación.“Abre las piernas, Elara.”La forma en que pronunció su nombre —lenta, calmada y deliberada— le provocó un escalofrío frío.Era la segunda vez que lo decía esa noche, y de algún modo el sonido en su boca golpeaba de forma distinta: suave, pesado.Ella obedeció de inmediato.Detente, se advirtió a sí misma. No pienses. No sientas.Esperó, anhelando un toque, cualquier cosa… pero no llegó nada.La ausencia era peor que el dolor.¿Era todo parte de su castigo, o es que las esclavas sexuales no merecen placer? Haciéndola sentir indigna incluso de ser tocada. Como si sostenerla pudiera otorgarle consuelo, pudiera hacerla sentir humana de nuevo, y él se negaba a permitir siquiera eso.La primera embestida la tomó completamente por sorpresa.No solo fue inesperada… fue brutal, profunda y dura, enviando un dolor ardiente a través de su cuerpo.“¡Ahhhh!” Los gritos de Elara rasgaron la cámara, aferrada a las sábanas de la cama







