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Trama y ambientación

52
Infidelidad×
Todo
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
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Venganza
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Castigo al Infiel
Drama Familiar Total
18+
Drama Familiar
Seducción
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Encuentro Amoroso
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Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
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Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

20
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Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
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De Perdedor a Ganador
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historia de la muerte
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Comedia
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Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Historias cortas y novelas de Amante Infidelidad

Descubre una colección de cautivadoras historias cortas de Amante Infidelidad, con tramas atrapantes y una narración envolvente. Perfectas para quienes buscan historias de una hora y lecturas rápidas e inmersivas online.
Traición antes del parto: ¿yo soy la amante? - undefined novela & novela
Nancy Young
En mi octavo mes de embarazo, mi esposo —agente de investigaciones— por fin logró sacar un poco de tiempo y me acompañó por primera vez al hospital para mi control prenatal. Pero apenas cruzamos la entrada, su teléfono satelital encriptado comenzó a vibrar con insistencia. El nombre en la pantalla apareció solo un instante, pero a él, que siempre se mantiene sereno, le bastó para ponerse tenso de inmediato. —Amor… hay una alerta roja. Acaba de aparecer otro fugitivo internacional. Yo… lo siento… Se le notaba la angustia. Con ese tono firme, propio de quien está acostumbrado a dar órdenes sin réplica, se disculpó a toda prisa… y se fue. Me quedé mirando cómo su todoterreno se alejaba a toda velocidad, hasta desaparecer. Para entonces, mis uñas ya habían destrozado el formulario del control prenatal. Con mi enorme vientre, salí a la calle, detuve un taxi y dije sin perder tiempo: —Hola, siga a ese vehículo. Ja… ¿un fugitivo con alerta roja? Vaya mentira más absurda. Ni siquiera la Oficina de Seguridad Nacional de mi padre recibió ningún aviso. Y él, siendo apenas un simple inspector que solo asistía en los casos… ¿qué “fugitivo” tan urgente tendría que atrapar? “Quiero ver con mis propios ojos quién es ese jefe que se atreve a darle una orden tan urgente”.
Mi exesposo millonario me suplicó volver - undefined novela & novela
Shelley
Durante la noche de mi boda, fui llevada de urgencia al hospital en una ambulancia después de que un condón manipulado me dejara con un dolor insoportable. La cirugía duró más de veinticuatro horas, y la noticia se propagó como pólvora. Mi esposo, Alexander, hizo saber que cualquiera que lograra fotografiarme en mi estado postoperatorio sería recompensado con diez millones de dólares. De la noche a la mañana, pasé de ser la nueva esposa de un multimillonario a convertirme en el hazmerreír de todos los círculos de élite de New Paradise. Al día siguiente, Dahlia, el amor de la infancia de Alexander, apareció en mi puerta. Fue entonces cuando descubrí la verdad: ella había cubierto el condón con un adhesivo de uso industrial como parte de lo que ella llamó un «experimento social». No mostró ni una pizca de remordimiento. Su tono era frívolo y cruel: —Solo fue un experimento. O sea, ¿cómo se suponía que iba a saber que reaccionarías así? Además, ambas sabemos que nunca fuiste lo suficientemente buena para Alexander. Así que deja de fingir. Alexander se quedó a su lado, con la mirada fría y desdeñosa: —Si no fuera por el contrato matrimonial, nadie te habría tocado. Lo sabes, ¿verdad? Lo que él no sabía era que la mujer a la que estaba llamando zorra le había salvado la vida más veces de las que podía contar.
De esposa oculta a su peor pesadilla - undefined novela & novela
Karen W
En la cena de ensayo de mi boda, una foto mía con el hermano mayor de mi prometido…desnudos en la cama… fue exhibida frente a todos. Dije que era un montaje. Jason, mi futuro esposo y el Don del Vale, dijo: —Te creo. Borró la imagen… y aun así se casó conmigo. Durante dos años, me mantuvo oculta mientras mi hermanastra, Nerissa, permanecía a su lado en público. Dijo que era para protegerme… y yo le creí. Le creí incluso cuando los rumores decían que se acostaba con ella, incluso cuando la presentó como su Donna… hasta hoy, cuando los encontré a los dos en la misma cama. Jason ni siquiera dejó de besarla cuando me vio. —¿Te gusta mi regalo de aniversario, Alina? Fue en ese momento cuando por fin lo entendí… Jason nunca me había creído… y la razón por la que siguió casado conmigo no era amor. Era castigo.
Cuando el Don tuvo una amante - undefined novela & novela
Tiptik
En el tercer año de mi matrimonio con Antonio Rizzo, Don de la familia Rizzo, él ya mantenía a una mujer más joven a su lado… y todos a su alrededor hacían todo lo posible para que no me enterara. Decían que yo era su primer amor, su debilidad, el tesoro que había traído desde Sicilia. Pero cuando se pasaba con la bebida, se reía frente a los suyos y lo decía sin vergüenza: —Amo a Elena… pero en la cama es un poco aburrida. Le falta… salvajismo. —Ya saben cómo somos los hombres —añadía con una sonrisa torcida—. Nos gusta algo de emoción. Como Caterina… joven, hermosa, y sabe perfectamente cómo divertirse. El chico que a los diecisiete años, había jurado en la iglesia que me amaría para siempre… ahora sostenía a una rubia joven y deslumbrante entre sus brazos, murmurándole al oído: —Mientras Elena no se entere… haz lo que te dé la gana. El día que me fui, todo parecía normal. Nadie notó nada extraño. Incluso la criada, Maria Russo, me sonrió con dulzura y preguntó: —Señora, ¿saldrá de compras? Le devolví una sonrisa leve y asentí. —No hace falta que preparen la cena esta noche. Lo que Antonio Rizzo no sabía… era que la “aburrida” Elena de la que tanto se burlaba, era hija de la familia mafiosa Santoro. Y las mujeres Santoro… nunca perdonaban una traición.
Fugitiva con el hijo del magnate - undefined novela & novela
Noorie
Llevaba cinco años casada con Ethan Morgan, el magnate más famoso de todo el continente. En el mundo de los negocios, todos daban por hecho que me amaba más que a cualquier cosa. Incluso llegó a registrar una isla privada a mi nombre; un gesto de amor y ternura inimaginable para cualquiera. Sin embargo, un simple mensaje lo destruyó todo... Era su secretaria, Maya. Escribió a mi cuenta oficial, una identidad que nadie conocía, ni siquiera Ethan. Maya: ¡Detalles de salir con un billonario, ya sabes! Dice que su esposa no satisface sus necesidades reales. Solo yo logro excitarlo. Si no fuera porque necesita que ella le dé un heredero, ya estaría fuera de su vida. La foto que acompañaba el texto me destrozó el corazón: se estaban revolcando en la misma isla que él me había dedicado. En ese momento, supe lo que debía hacer. Fue suficiente con hacer una llamada.
Vendió el diamante y él la premió - undefined novela & novela
Opalo Ruiz
Durante el mayor evento de ofertas del año, la asistente “inocente” de mi prometido vendió un diamante de un quilate por un solo centavo. En apenas veinte minutos, la empresa perdió doscientos millones. Yo temblaba de la rabia, pero Alejandro me sostuvo entre sus brazos para calmarme: —No te preocupes, déjamelo a mí. Esa misma noche, Luciana publicó en redes una transferencia de más de un millón, la cual venía acompañada con un mensaje apenas perceptible, ’para toda la vida’. Junto a la foto ella escribió: [Hoy cometí un gran error, pero mi jefe me consoló. Incluso me pidió que no discutiera con esa bruja loca, y que me portara bien.] Yo no me contuve y le comenté la publicación: [Qué bonito, que les dure para siempre.] Luciana borró la publicación al instante. Minutos después, Alejandro irrumpió en la habitación y me dio una bofetada. —¿Qué intentas al darle “me gusta” a la publicación de Lucy? ¡Ahora se siente tan mal que incluso quiere suicidarse! Solo se perdieron doscientos millones, ¿de verdad tenías que empujarla hasta ese punto? Hablaba con total seguridad, como si tuviera toda la razón. Sin embargo, más tarde cuando ni siquiera podía pagar veinte pesos para comer, ¿por qué terminó llorando?
Me Divorcié y Él Aprendió a Rogar - undefined novela & novela
Rosa Sauri
Mi esposo, Joaquín Halabe, y yo éramos dos mentirosos. Él me juró que olvidaría a Carmen Granillo, la mujer que nunca logró superar, pero tenía el celular lleno de fotos de ella. Yo le prometí que jamás lo dejaría, mientras planeaba un futuro sin él. Hace un mes, lo engañé para que firmara los papeles del divorcio. Hoy era el día en que por fin desaparecería de su vida. Faltaban tres horas: ya tenía todas las maletas listas y había comprado un boleto de avión para irme al extranjero. Faltaban dos horas: recorté todas las fotos en las que aparecíamos juntos hasta dejar solo mi imagen en el álbum. Faltaba una hora: coloqué cuidadosamente el acuerdo de divorcio sobre la mesa. Después de diez años amándolo, aquel era el primer día que lo dejaba.
Gané la Apuesta Final contra el Mafioso - undefined novela & novela
KarenW
Marco Ross, mi novio a escondidas y la estrella en ascenso de la mafia neoyorquina, escondió un anillo en nuestra casa. Creí que era para mí. En lugar de eso, me llegó un video donde le pedía matrimonio a otra mujer, Bianca Conti, el día de nuestro aniversario. Esa misma noche, unos hombres enmascarados irrumpieron en mi casa, me encañonaron y me obligaron a llamar a Marco. Contestó una mujer: —Marco, te llama otra vez tu huerfanita. Luego escuché la voz tajante de él: —Ni te molestes, nena; esa es solo una huérfana que tiene suerte de ser tu sustituta, una callejera que tengo por ahí, una tipa que solo me sirve para calentarme la cama. Los hombres enmascarados me dispararon en el estómago y huyeron. Marco no sabía que yo era la verdadera heredera de los Conti. Bianca, a quien él tanto adoraba, no era más que una impostora. En su momento, me negué a llevar el apellido Conti por Marco, por miedo a que eso nos arruinara. Pero si yo nunca le importé, ¿por qué tendría que importarme él a mí? Llamé a mi padre: —Papá, vuelvo a casa, me hago cargo del negocio y acepto el acuerdo matrimonial, pero Bianca tiene que irse.
Mi Esposa Me Mató por Su Amor - undefined novela & novela
Anónimo
Mi esposa, que era jueza, quería salvar a Bruno Ríos, el hombre al que jamás había podido olvidar. Así que, sin mi consentimiento, usó sus contactos para conseguir que me extrajeran uno de mis riñones y se lo trasplantaran a él. Intenté explicarle que mi salud ya estaba gravemente deteriorada. mis resultados médicos fueron manipulados, e incluso algunos resultados clave fueron ocultados. Si me extraían ese riñón, moriría sin remedio. Pero ella me gritó con odio: —¡Bruno se está muriendo y tú sigues aquí, muerto de celos, haciendo un drama para llamar la atención! ¿De verdad no tienes corazón? Con esa autorización irregular y unos estudios médicos manipulados, me llevaron al hospital para extraerme el riñón. Al final, mi cuerpo no resistió y morí miserablemente, olvidado en el hospital.
Mi menstruación expuso todo - undefined novela & novela
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
La respuesta de su futuro - undefined novela & novela
Chandler
Últimamente, una aplicación que permitía enviarle mensajes a tu «yo» del futuro, se había vuelto muy popular en internet. En un principio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, justo antes de la última prueba del SAT, decidí seguir la moda y envié un mensaje: «Yo del futuro, ¿termino casándome con Liam Tinsley?» La pantalla parpadeó y, casi al instante, apareció una respuesta de un «Número desconocido»: «Sí. Tuvieron una boda grande y fastuosa.» Aferré el teléfono y escribí rápidamente: «Entonces Mia Thompson fue mi dama de honor, ¿verdad? ¡Es mi mejor amiga!» La respuesta llegó igual de rápido: «Lo fue. Pero no solo fue tu dama de honor. También se acostó con Liam durante la noche de bodas.» Mi sonrisa se congeló. Entonces llegó un segundo mensaje: «La verdad es que no necesitabas esforzarte tanto por bajar tus calificaciones para igualar las suyas. Él respondió mal a propósito la sección de matemáticas para poder terminar en la misma ciudad que Mia, quien estaba entre los últimos lugares de la clase.» «Te convenció de rechazar aquella universidad de élite, no por tu bien, sino porque no quería que Mia se sintiera inferior frente a tus calificaciones.» La campana que advertía el inicio del examen atravesó el aire. Pero yo permanecí inmóvil, con el cuerpo helado, incapaz de moverme, cuando un último mensaje apareció de golpe en la pantalla. «Si no me crees, ve directamente al motel que está detrás de la escuela cuando termine el examen. Allí descubrirás la verdad por ti misma.»
Elegiste Cuidarla; Yo Elegí Olvidarte - undefined novela & novela
Ximena Beltrán
El día de la audiencia, el juez hizo la pregunta de rigor: —Solo llevan tres años casados. ¿Está segura de que su relación se ha roto de manera irreparable? Esbocé una sonrisa amarga, me quité el anillo de bodas y lo dejé sobre la mesa. —Llevamos tres años casados y hemos vivido separados durante los tres. ¿De verdad cree que aún queda algo entre nosotros? Habíamos sido novios durante cinco años. Yo era su contacto de emergencia e incluso la beneficiaria de su seguro. Creí que había elegido al hombre correcto, pero el mismo día de nuestra boda recibió una llamada y se puso pálido. Cuando le pregunté qué ocurría, solo dijo que su madre estaba enferma. Lo dejó todo y compró de inmediato un boleto de avión para volver a cuidar a su madre. Durante los tres años siguientes me enviaba, todos los días, fotografías de cada una de sus comidas. Sin embargo, su madre jamás aparecía en ellas. Como me dolía verlo hacerse cargo de todo él solo, le propuse renunciar a mi trabajo para acompañarlo y ayudarlo a cuidarla. Él se negó, diciendo que no soportaría verme sacrificar mi carrera. Hasta que, unos meses atrás, encontré la cuenta de una influencer que compartía su lucha contra el cáncer. Santiago Vega aparecía en uno de sus videos, acompañado de una frase llena de ternura: "Está conmigo al despertar. Está conmigo en cada comida. Y es su mano la que nunca suelta la mía". ¿Y yo? Durante más de mil días y noches, solo me tuve a mí misma. Me había mentido. El juez dejó el expediente sobre el estrado y formuló una última pregunta: —¿Lo ha pensado bien? Asentí con firmeza. Cuando declaró disuelto nuestro matrimonio, miré la sentencia de divorcio y rompí a llorar. Santiago, te dejo ir. Y también me libero a mí misma.
Dejé de ir tras su vuelo. - undefined novela & novela
Feath
Brandon Smith llevaba ocho años volando. Estuve con él desde que empezó como copiloto hasta que logró ascender a capitán. En el año más ocupado de su carrera, renuncié a mi trabajo y empecé a cocinar según sus horarios de vuelo. Solo una vez le hice una pregunta: —¿Podrías mostrarme algún día cómo se ve todo desde miles de metros de altura? Solo una vez, por favor. Brandon siguió comiendo. —El avión es un lugar de trabajo, no un parque de diversiones para ti. —Está bien —respondí. Desde entonces, nunca volví a mencionarle el tema. Hasta que una noche, mientras sufría de insomnio, encontré por accidente un álbum de fotos oculto y protegido en el teléfono de Brandon. El álbum contenía más de cuarenta fotos, todas tomadas desde su perspectiva como piloto. Había mares de nubes, atardeceres, arcoíris dobles después de una tormenta y hasta la Vía Láctea en el cielo nocturno mientras el avión volaba a miles de metros de altura. Todas las fotos se las envió a la misma persona, guardada bajo un emoji de oso. La más reciente era una foto del hermoso cielo al atardecer, tomada tres días antes. La mitad del sol asomaba entre las nubes. El mensaje que acompañaba la foto decía: "El cielo hoy está tan hermoso como siempre. La próxima vez que vengas, puedes sentarte en el asiento del observador. Desde ahí tendrás el mejor ángulo para ver el cielo". La persona del emoji de oso respondió con un emoji de abrazo y una frase corta: —Espera a que esté de descanso. Volví a dejar el teléfono de Brandon en su sitio, sin cambiar la contraseña ni borrar el álbum. Cuando salió el sol, me preparé un café como de costumbre y me lo tomé en silencio. Después, encendí la computadora y reservé un vuelo a Dalco. Después de ocho años, ya no tenía que perseguir las rutas de vuelo de Brandon ni esperar a que llegara la sus horarios de comida. Tampoco tenía que quedarme en una casa vacía mientras intentaba adivinar hacia qué destino volaba en ese momento. Ya que el cielo de Brandon se negó a aceptar mi presencia, echaría raíces en otro lugar y contemplaría ese atardecer por mi cuenta.
Me Mandaste Lejos Para Estar Con Ella - undefined novela & novela
Leticia Velázquez Morales
Después de pasar cinco años asignada a un proyecto lejos de casa, salí del aeropuerto convencida de que Pablo Alcázar cumpliría su promesa y me pediría matrimonio. Pero me recibió con el rostro impasible. —Perdóname. Antes de que pudiera reaccionar, continuó: —Yo manipulé tu traslado… Te envié a propósito a un proyecto remoto, en una zona desértica de gran altitud del noroeste, para que Verónica y yo pudiéramos estar juntos. Ella estaba embarazada y yo no veía otra salida. Permanecí en silencio, mordiéndome el labio hasta sentir el sabor de la sangre. Cinco años de tormentas de arena, veranos abrasadores, temperaturas invernales de hasta treinta grados bajo cero y jornadas infernales de dieciséis horas. Todo había sido una cárcel diseñada por él. —Eres dominante y agresiva. Temía que le hicieras daño —continuó—. No te lo cuento para que me perdones, sino para que tengas tiempo de calmarte y no armes un escándalo. Su voz estaba cargada de resignación. Retrocedí cuando intentó tocarme y sonreí entre lágrimas. —Pablo, lo nuestro pudo haber terminado con dignidad, pero tú lo convertiste en algo imperdonable.
Desierto bajo el jacarandá - undefined novela & novela
Jimena G.
Poseo un don secreto: cada vez que toco a otra persona, puedo ver en su interior el rostro de la persona que más ama. Todo empezó cuando Miguel Márquez se mudó a la casa de al lado, cuando teníamos siete años. Desde ese momento, yo era la única que ocupaba lo más profundo de su corazón. A los dieciocho, cuando me tomó de la mano, la persona que más amaba seguía siendo yo. A los veintidós, cuando me pidió matrimonio, seguía siendo yo. La noche de nuestra boda, mientras me besaba, también era yo. La mañana de nuestro tercer aniversario de casados, le estaba acomodando el cuello de la camisa. Mis dedos rozaron su nuez de Adán. Cerré los ojos por instinto, como hacía siempre, y vi dos rostros. Uno era el mío. El otro correspondía a una mujer completamente desconocida. Esa misma noche, el celular de Miguel recibió un mensaje: "Miguel, gracias por acompañarme hoy." A lo largo de veintiún años y más de cien mil veces que había tocado a otras personas, era la primera vez que ocurría algo así.
Llegaste Cinco Años Demasiado Tarde - undefined novela & novela
Mónica Herrera
Puse a la venta el departamento que había comprado para que viviéramos allí después de casarnos. La agente inmobiliaria me miró sorprendida. —Ya hizo el pago inicial. ¿No va a esperar a que regrese su prometido para hablarlo con él? Sonreí y dejé las llaves sobre el escritorio. —No. Está esquiando con la mujer que nunca logró olvidar. Durante los cinco años que estuvimos juntos, él viajaba a Aurelia del Sur cada invierno. Siempre decía que iba por trabajo, pero en sus redes sociales solo publicaba fotos de la cumbre del Nevado del Alba. Cada vez que le preguntaba cuándo viajaríamos juntos a Aurelia del Sur, respondía lo mismo: «La próxima vez». Hasta que ayer encontré cientos de fotografías en su vieja cámara. En todas aparecía la misma mujer, fotografiada cuidadosamente en distintos rincones del Nevado del Alba. El único viaje que hicimos juntos fue a la ciudad vecina para ver el edificio donde estaba nuestro departamento. Mientras caminábamos del brazo, me dijo: —Nosotros no necesitamos esas cosas superficiales. Lo importante es construir una vida estable. Al pensar en el departamento que había remodelado con tanto esfuerzo, no pude contener el llanto. La agente inmobiliaria me tendió el bolígrafo con cautela. —¿Está segura de que quiere ponerlo a la venta? —Sí. Me sequé las lágrimas y tomé el bolígrafo. Mi carta de renuncia ya había sido aceptada. También había decidido que muy pronto dejaría la ciudad.
Juicio de Internet - undefined novela & novela
León Corazón
El día que íbamos a viajar para celebrar nuestra graduación, mi novia dejó de responder de la nada. Mientras la esperaba angustiado en el aeropuerto, mi compañero me envió un mensaje que parecía insinuar algo. “Ismael, tranquilo. En un rato te espera una sorpresota”. Respiré aliviado. Creí que Alondra iba a llegar tarde porque se estaba arreglando para la ocasión. Me había dicho que, en cuanto nos graduáramos, se pondría un vestido de novia y se casaría conmigo. Pero entonces el representante del grupo dijo que les había enviado dinero a todos en el grupo. “¡Gracias a los profesores y compañeros que vinieron a la fiesta de compromiso de Alondra Pineda y César Valle! ¡Después de tres años de noviazgo, por fin dan el siguiente paso!” En segundos, los demás dijeron que lo habían recibido. Los compañeros de clase enviaban sus felicitaciones uno tras otro, hasta que alguien se dio cuenta y escribió: “¡Mierda! ¿No se te olvidó sacar a Ismael del grupo?” Por un momento nadie escribió. Luego, todos empezaron a etiquetarme. “Ni se te ocurra venir a hacer un escándalo. Llevan tres años saliendo a escondidas. No fue fácil llegar hasta aquí”. “Con ese afán de control que tienes, César ni siquiera se atrevió a aparecer en estos tres años. Él también sufrió mucho”. Hasta nuestro tutor intentó convencerme. “Hazlo por mí. Tú eres un hombre; sé más comprensivo. No vayas a hacer un escándalo ni hagas quedar mal a los novios”. Me sentí tan acorralado por cada una de sus palabras que me faltaba el aire. Ni siquiera tenía fuerzas para exigir explicaciones. La promesa de seguir juntos desde los días de escuela hasta el altar era una mentira. Y todo lo que viví en esos cuatro años también lo era.
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