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Plot & Setting

31
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Arrepentirse
Liarse con alguien
Seducción
18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
Cuenta Regresiva
Venganza
Matrimonio
Karma
Drama Familiar
Despertar
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Telepatía
Transmisión en Vivo
Matrimonio por Contrato
Viaje en el Tiempo
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Apocalipsis
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12
Giro Inesperado×
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Giro Inesperado
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Renacido
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Dulce Romance
Obsesivo
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Múltiples Perspectivas
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Giro Inesperado Short Stories & Novels

Discover a collection of enchanting Giro Inesperado short stories that explore the depths of passion. Perfect for readers seeking one-hour short stories to inspire and ignite their imagination about Giro Inesperado.
El arrepentimiento barato del prometido. - undefined novels & stories
Sago Pudding
Una semana antes de la boda, Lorenzo cambió el nombre que figuraba en la solicitud de matrimonio y lo reemplazó por el de su tío, Enzo, el nuevo líder de la mafia. Uno de sus amigos lo miró sorprendido. —¿Has perdido la cabeza? Selena te ha esperado durante siete años. ¡No ha puesto los ojos en ningún otro hombre! ¿Y ahora vas a entregársela a tu tío, el hombre más despiadado que existe? Enzo soltó una sonrisa desdeñosa. —Lena y yo hicimos una apuesta, y le prometí que cumpliría cualquier cosa que me pidiera. Además, cuando Selena descubra el cambio, entrará en pánico y vendrá a suplicarme que lo arregle. Y, seamos sinceros, ¿de verdad creen que mi tío querrá casarse con ella? En cuanto vea lo que hice, cancelará el compromiso. Al final, de una forma u otra, terminará casándose conmigo. Hablaba con una frivolidad absoluta, como si todo fuera un juego, y el grupo estalló en carcajadas. Yo llevaba un buen rato escuchando, oculta detrás de la puerta, y sentí que el corazón se me helaba. El día de la boda, me presenté tal como estaba previsto. Lorenzo, siempre tan seguro de sí mismo, perdió el control e intentó entrar por la fuerza en la iglesia. —¡Soy el novio! ¡Yo debería estar ahí!
Negando la Culpa de Mi Hijo - undefined novels & stories
Peachy
Fui a una sola fiesta en mi nuevo vecindario de ricos. Solo una. Y después de eso, mi vecina Brenda me demandó. En el tribunal, sostenía entre sus brazos a su hija golpeada y llena de moretones, Tiffany. Acusó a mi hijo de violación. A mitad de la audiencia, Tiffany se bajó el cuello de la blusa. Marcas rojas le rodeaban el cuello. —Intentó arrancarme los pantalones —sollozó—. Quiso forzarme. Yo me defendí. Entonces me golpeó. ¡Me arruinó la cara! Afuera del juzgado, manifestantes levantaban carteles, llamando a mi hijo basura humana, un niño rico malcriado. En internet, un “memorial” editado con Photoshop sobre mí se volvió viral. El texto decía: "Una madre incompetente debería morir junto a su hijo." Las acciones de mi empresa se desplomaron. Pero yo solo me quedé sentada. Con el rostro inexpresivo. Y pedí que trajeran a mi hijo, Cooper. Las puertas de la sala se abrieron. Cooper entró. Y todos se quedaron congelados.
Los Sabrosos Melonis de La Verdad - undefined novels & stories
Viejo Verde
—Por favor… Dámelo, me arde mucho ahí abajo, el calor me está matando... ven... Por las escaleras de emergencia del edificio, en penumbra, miré a esa vecina guapa con la cara encendida y se me aceleró el pulso. Quise dar el paso para ayudarla, pero vacilé, y de pronto ella abrió las piernas frente a mí... Al ver lo mojada que estaba, ya no pude contenerme...
Lo Grande del Entrenador - undefined novels & stories
Mangonel
—Entrenador, por favor ya no te presiones más contra mí. Tengo los leggings empapados. En el gimnasio, la alumna tenía un cuerpo espectacular y un trasero redondo, firme y voluptuoso. Me presioné a propósito contra su profunda hendidura. Ella percibió lo extraño y apretó las nalgas con fuerza. Esa sensación me encendió la sangre al instante. Lo que más me excitaba era que ella había reaccionado a mi roce y se bajó los leggings voluntariamente.
Extorsión al hombre equivocado: su Don. - undefined novels & stories
Peachy
Esa camarera VIP, nueva en el club, insistía siempre en que fuera yo quien la atendiera. Como era buena para el negocio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, un fin de semana, alrededor de las dos de la madrugada, mientras descansaba en la cama de mi penthouse, me llamó y comenzó a darme órdenes a los gritos. —Estoy en la suite «Paraíso». Sube ahora mismo con una botella y atiéndeme como corresponde. Tuve que aguantarme la risa. Esa mujer actuaba de una forma realmente absurda. —Son las dos de la mañana. ¿Me estás ordenando qué hacer? No soy tu guardaespaldas ni tu proveedor personal. Ella resopló con una voz que destilaba arrogancia. —Mi primo es el gerente del club. Deberías sentirte honrado de atenderme. Ah, y por cierto, aún no has pagado la tarifa de protección de este mes. Más te vale moverte y venir ya, o le diré a mi primo que te arroje al río Chicago. Vaya. Parecía ignorar un detalle bastante importante: todos los muelles del río Chicago, sin excepción, me pertenecían.
Mi Vecina Madura Se Atoró En La Lavadora - undefined novels & stories
Pervertido Asqueroso
Esa atractiva mujer estaba atorada en la lavadora. Se retorcía con incomodidad, suplicándome ayuda, y yo capté el mensaje al instante. Con una mano le jalé el cabello largo y con la otra la sujeté... Justo cuando todo estaba a punto de ponerse interesante... La celosa y bella estudiante irrumpió de repente, anunciando que ella también quería unirse al juego...
Fui Su Broma, Ahora Me Perdió - undefined novels & stories
Mónica Herrera
Desde hacía años, cada vez que se acercaba nuestro aniversario, mi novio, Nicolás Padilla, le seguía la corriente a su amiga de la infancia, Beatriz Aguirre, y fingía pedirme matrimonio como parte de una broma. El año pasado, cuando me puse el anillo llena de ilusión, el mecanismo del anillo de utilería se trabó de golpe y me apretó tanto el dedo que grité de dolor. Nicolás me pidió perdón y me prometió que este año sí me pediría matrimonio en serio. Me arreglé con todo cuidado y llegué al lugar donde Nicolás me había pedido que fuera su novia seis años atrás, pero lo primero que recibí fue una capa de crema en plena cara. Nicolás se acercó y me limpió los restos de crema con ternura. Pero yo di un paso atrás. Después de tantas decepciones acumuladas durante seis años, decidí terminar con él. Entonces, ¿por qué Nicolás enloqueció de arrepentimiento?
Huí antes de que él me convirtiera - undefined novels & stories
Clara
—¿Estás segura de que quieres esto? —la bruja deslizó el vial por la mesa—. Una vez que lance el hechizo de desvinculación, tu conexión de compañeros destinados se disolverá a lo largo de diez días. En el décimo día, será permanente. No hay vuelta atrás. No lo dudé. —¿Tu nombre? —ella tomó su pluma. —Mara Voss. Su mano se congeló. Todos en la comunidad vampírica de Nueva York conocían ese nombre. Conrad Levin, el Príncipe del Dominio de Nueva York, un monstruo de ochocientos años que nunca había mostrado ni un rastro de afecto por nada, había anunciado hace tres años a todo el mundo sobrenatural que había encontrado a su compañera destinada. Una chica humana que portaba el tipo de sangre más raro que existía. Sangre dorada. Su nombre era Mara Voss. Extendí mi muñeca. La bruja comenzó su trabajo. Abrí mi teléfono y reservé un billete de solo ida a Praga. Con salida en exactamente diez días. Esta vez, Conrad nunca me encontraría.
La Luna que se negó a arrodillarse - undefined novels & stories
Cléo
Le di tres años de mi vida, solo para que me trataran como a una simple sustituta… peor que a un perro. Cuando su llamada “luz blanca de luna” regresó, me apartó sin dudarlo. Está bien. Acepté la alianza familiar y me casé con el Alfa más poderoso del Norte. ¿Ahora se arrepiente y me ruega que vuelva? Demasiado tarde. Confabularon contra mí con aconita, queriendo que muriera en un sucio sótano. Pero mi compañero —el verdadero Rey del Norte— arrasó con toda la hacienda solo para salvarme. Intentaron robar mi linaje alfa con magia oscura. Los hice saborear el exilio, convertidos en renegados, despreciados por todos. ¿Y él? Se arrodilló ante mí, suplicando por perdón. Yo me refugié en los brazos de mi compañero y lo vi ser desterrado para siempre. —Ángel —le dije con frialdad—. —Abre los ojos. Yo soy la única Luna del Norte.
La Colegiala y La Pulga Picona - undefined novels & stories
Tipo Repugnante
—Padrino, ayúdame rápido, se me metió una pulga bajo la falda, ¡qué comezón! Mi ahijada salió a pasear al perro y una pulga la mordió en su lugar íntimo, me pidió que le calmara la comezón, y, entre tanto calmar a la jovencita le dio todavía más comezón; al final terminó pidiéndome que le quitara la falda para aliviarle otra comezón.
La Traición del Juego Final - undefined novels & stories
Mónica Herrera
Todos los empleados de la empresa, incluida yo, fuimos arrastrados a la fuerza a un juego extraño. Al principio, el título que apareció en pantalla fue: "Guerra vegetal". Todos se lanzaron a escoger campamentos al aire libre o refugios seguros con agua de sobra. Solo yo escogí un departamento prefabricado de plástico en el piso veinte de una ciudad desértica abandonada, sin agua ni electricidad. Mi jefa se burló de mí frente a todos, diciendo que no tenía ni dos dedos de frente. Nadie quiso formar equipo conmigo. Incluso apostaron a que no aguantaría ni tres días antes de morir. Cuando llegó el momento de elegir habilidades, todos se pelearon por habilidades prácticas, como la teletransportación, el inventario infinito o el control limitado de metales. Yo, en cambio, elegí la fotosíntesis inversa: una habilidad capaz de convertir la humedad del aire en energía y mantener las funciones vitales básicas. Muy pronto, Alejandro usó sus permisos de administrador para silenciarme en el grupo de chat. Era evidente que ni siquiera querían darme la oportunidad de enviar mis últimos mensajes suplicando ayuda antes de morir. Pero cuando el sistema cerró la fase de preparación y desactivó los permisos de administrador, todos se quedaron helados. La interfaz se reinició. El nombre del juego había cambiado. Ahora se llamaba "Apocalipsis magnético".
Esta Luna No Perdona - undefined novels & stories
Bagel
Ryder, mi esposo y el Alfa de la manada, siempre ha odiado el llanto de los cachorros. Pero últimamente, empezó a cuidar al cachorro recién nacido de mi hermana adoptiva, quedándose a su lado en la guardería cada noche, hasta el amanecer. Cada vez que salía de nuestro hogar para ir a la guardería, un dolor fuerte e inexplicable me partía el corazón. Esta agonía duraba toda la noche, hasta que regresaba al amanecer. Pero llegué al límite. En el festival de la luna llena, anuncié frente a toda la manada que rompería nuestro vínculo. El enlace mental de la manada estalló en murmullos; todos pensaban que la batalla me había afectado el juicio. Una luz dorada se encendió en los ojos de Ryder mientras me miraba con incredulidad. —¿Solo porque estuve ocupado para ver cómo estabas después de que te hirieron, vas a romper nuestro vínculo? ¿Y todo por un cachorro de seis meses? Evité su mirada. En lugar de eso, mi vista se detuvo en la leve marca de labial corrida en el interior de su cuello. Aunque me temblaba la voz, me mantuve firme. —Ya que tanto quieres a su cachorro, en cuanto nuestro vínculo se rompa, podrás ser su padre sin tener que esconderte.
Cayendo en la Seducción del Rudo - undefined novels & stories
Aurora del Castillo
En los años setenta, respondí al llamado del gobierno y me uní al programa de jóvenes intelectuales enviados al campo. Buscando emociones fuertes, me fijé en un hombre rudo de cuerpo musculoso. Una noche, escalé por su ventana y me deslicé bajo sus cobijas, las cuales estaban impregnadas de testosterona. —Diego, lo tienes muy duro. Déjame ayudarte. El hombre sujetó mi cintura y me empujó con fuerza diciendo: —Tú te lo buscaste. Aparte de labrar la tierra, lo que más hice fue montarme sobre sus caderas, balanceando las mías. Nos enredamos en las montañas y ardimos en los campos. Cada rincón apartado de la aldea guardaba las huellas de nuestros encuentros íntimos.
Enferma con adicción al sexo - undefined novels & stories
Mangonel
—¡No, ahí ya no cabe más! Tirado en la cama de hospital, con las nalgas pálidas al aire, el doctor me examinaba por mi problema de adicción sexual. Pero parecía más bien estar jugando conmigo. Sus manos no paraban de acariciar mis glúteos, hasta que introdujo un dedo en mi interior. Cuanto más le suplicaba, más excitado parecía ponerse. No pudiendo soportarlo, volví la cabeza para mirar. ¡Ese no era el doctor, era mi profesor de la universidad! Al siguiente instante, sus movimientos se volvieron aún más violentos.
Crié a Su Hijo y Ella Enloqueció de Pesar - undefined novels & stories
Elena Justo
Cuando renací, lo primero que hice fue esparcir las cenizas de mi mejor amiga. En mi vida pasada, ella quedó embarazada antes de casarse y fue abandonada tanto por su novio como por su propia familia. Tras soportar sola todo el embarazo, finalmente llegó el día del parto… pero sufrió una hemorragia grave en la sala de parto. Con su último aliento, me suplicó que adoptara a su hijo. Al verla en ese estado, mi corazón se compadeció y acepté. Por cuidarlo, mis estudios comenzaron a ir de mal en peor, hasta que la universidad terminó expulsándome. Y no tuve más opción que salir a trabajar junto con él, soportando incontables humillaciones y desprecios. Finalmente, cuando cumplió dieciocho años, un cazatalentos lo descubrió y lo llevó a protagonizar una película. De la noche a la mañana se volvió famoso y ganó el premio a Mejor Actor. Pero en la ceremonia de premiación, mi mejor amiga —que supuestamente había muerto hacía años— apareció del brazo de mi exnovio. Incrédula, me acerqué a exigirle una explicación, pero ella me dijo sonriendo: —Felicidades, has superado la prueba. Confundida, escuché cómo mi ex me explicaba lleno de arrogancia: —Paula es la hija del hombre más rico del país. ¿Quién sabe si te acercaste a ella por dinero? Ahora que criaste tan bien a nuestro hijo, tienes la oportunidad de ser una amiguita de ella. Si lo cuidas hasta que se case y tenga hijos, entonces podrás convertirte en su mejor amiga. Sentí que mi cabeza iba a explotar. Acaso, ¿creían que me importaba ser su amiga? ¡Habían pasado dieciocho años! Con los ojos enrojecidos por la rabia, me abalancé sobre ellos. Pero quien pensaría que mi hijo adoptivo, que estaba en el escenario, bajaría corriendo, me empujaría con toda su fuerza y me diría: —¿Estás loca? ¿Quién te dio el derecho de atacar a mis padres? La furia y la indignación fue tanta que me desmayé en el acto.Cuando volví a abrir los ojos… había regresado al día en que mi mejor amiga estaba dando a luz.
El Don que negó a su propio hijo - undefined novels & stories
Jazmín
Tras la muerte de su hermano Enzo, Nico me aseguró que no existía otra opción. La familia Varrone necesitaba un nuevo Don y la viuda que su hermano había dejado requería un hijo para asegurar el linaje de la organización. Nico cumplió con su deber y comenzó a compartir la cama con ella noche tras noche. Cada vez que él regresaba a mi lado, traía el aroma de esa mujer impregnado en la piel y las mismas mentiras piadosas en la boca. —Valentina, cuando ella dé a luz al heredero, les daré a ti y a Luca todo lo que se merecen —me repetía una y otra vez. Y esperé. Esperé pacientemente durante seis meses. Durante ese tiempo, vi cómo el hombre que amaba se convertía, en todos los sentidos, en el esposo de otra mujer. También vi a mi pequeño hijo quedarse dormido junto a la ventana, esperando a un padre que jamás regresaba a casa y que siempre encontraba la excusa perfecta para romper sus promesas. Hasta que el embarazo de Serena fue anunciado. Los Varrone celebraron como si hubiera ocurrido un milagro. La madre de Nico declaró con orgullo que el hijo de Serena sería el único y legítimo heredero de la organización, mientras que mi pequeño Luca sería presentado ante el mundo como un simple huérfano que había sido adoptado por caridad. —Nadie en la alta sociedad puede enterarse de que el Don tiene un hijo con una muerta de hambre —sentenció la matriarca con desprecio. En ese momento, la manita de mi hijo comenzó a temblar entre la mía. —Mamá... —susurró Luca, mirando a su padre con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Acaso yo no soy también hijo de papá? Nico escuchó, pero a pesar de ver el dolor en el rostro del niño, no hizo absolutamente nada; se limitó a tomar a Serena del brazo y a ignorar nuestra existencia. Fue en ese preciso instante donde dejé de esperar. Me quité el anillo de compromiso que él me había regalado siete años atrás y se lo entregué directamente a Serena. —Felicidades —le dije de frente—. Perteneces a esta familia mucho más que yo. Entonces tomé a Luca de la mano, guardé el secreto del segundo hijo que Nico aún no sabía que llevaba en mi vientre, y salí de la mansión Varrone por última vez. Todos en ese salón me miraron con lástima, pensando que era una mujer cualquiera, desamparada y sin un lugar a dónde ir. Lo que ellos no sabían... era que mi padre era el hombre más temido y poderoso de toda la mafia italiana. Y yo era su única heredera.
El juego del amor: Apuesto y lo perdió todo - undefined novels & stories
Winter
En nuestra fiesta conjunta de compromiso, mi mejor amiga y yo terminamos la noche con un anillo en el dedo. Sabrina Vale se casaría con Luca Marino, el chico al que había amado durante diez años. Yo me casaría con Adrian Calloway, el hombre que todos los columnistas de sociedad de Nueva York aseguraban que estaba obsesionado conmigo. Cuando llegó mi turno de hacer un brindis, Sabrina sacó a relucir una vieja apuesta y sonrió ante los invitados. —Veamos si nuestra princesita ya tiene a su prometido comiendo de la palma de su mano. Los invitados comenzaron a gritar que Adrian me embarrara el pastel de compromiso en la cara. Su mano se detuvo. Por un estúpido segundo, pensé que dejaría el plato a un lado y se pondría de mi lado, tal como siempre me había prometido. Entonces Luca le preguntó si ya estaba dominado por su futura esposa incluso antes de la boda. Adrian apretó la mandíbula. Y él mismo me estampó el pastel en la cara. Mientras la sala estallaba en risas, Luca me reveló que Adrian solo se había acercado a mí porque los tres habían hecho una apuesta. Sabrina entrelazó su brazo con el mío, como si todavía fuéramos las mejores amigas. —Nadie te traicionó, Elena. Otra vez estás haciendo un escándalo por una simple broma. Adrian se plantó frente a mí, absolutamente convencido de que lo perdonaría. —La boda sigue en pie. ¿Qué más pruebas necesitas? Los tres esperaban que rompiera en llanto, les exigiera explicaciones y les diera otra oportunidad para decidir por mí lo que sentía. Pero, en lugar de eso, me limpié la crema de los ojos y le envié un mensaje a mi madre, que estaba en Milán. «Mamá, dile a la familia que estoy lista para volver a casa.»
Traición Silenciosa - undefined novels & stories
Carol Soler
Aunque soy una Omega, mi pareja es un Alfa de la manada. Aunque yo no tenga loba, puedo escuchar la voz del suyo. De la boca de su lobo he sabido muchos de sus pequeños secretos. Por ejemplo, que estaba preparando en secreto una gran ceremonia de apareamiento. En tres días me propondría matrimonio, y yo fingía no saber nada. Pero esa misma noche, Emilio Herrera trajo a su amiga de la infancia a la casa. Yo estaba a punto de acercarme para preguntar, cuando escuché al lobo rugir y cuestionarlo: —¿No era la ceremonia de apareamiento dentro de tres días para Lucía Reyes? ¿Por qué cambiarla por Carolina Torres? Resultó que esa ceremonia que yo desconocía no era para mí en absoluto. Aun así, seguí fingiendo ignorancia. En silencio le cedí mi habitación, mis tesoros, e incluso a Emilio, ya no lo quise más. Compré un pasaje hacia la manada del sur y, con los gemelos que llevaba en mi vientre, me marché para siempre de la manada Colmillo el mismo día en que celebraban su ceremonia de apareamiento.
Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió - undefined novels & stories
Yolanda Beltrán
El día que cumplí veintiocho años, la empresa de mi padre entró de repente en una grave crisis. Y quien estaba detrás de todo resultó ser Santiago Vega, mi esposo, con quien llevaba diez años de relación. Fui a buscarlo para exigirle una explicación, pero los sorprendí juntos en una situación íntima: Santiago y Daniela Cruz, a quien yo siempre había conocido como su hermanastra. —Dani, sé que no ha sido fácil pasar diez años fingiendo ser mi hermana. En cuanto me haga con la empresa de los Navarro, voy a dejar a Valentina de una vez por todas. —Qué bien, Santi. Por fin nos llegó nuestro momento. Valió la pena que desde la preparatoria te la pasaras detrás de ella, complaciéndola en todo. Fue entonces cuando entendí la verdad. Daniela nunca había sido su hermana. Era su verdadera pareja, y yo no había sido más que el medio que Santiago necesitaba para conseguir lo que quería. Todo lo que habíamos vivido durante esos diez años había sido un engaño. Abrí el diario en el que había escrito nuestra historia durante todos esos años y, desesperada, dejé una última frase: "Santiago, tardé diez años en descubrir quién eres en realidad. Si pudiera volver atrás, no querría conocerte nunca..." Apenas terminé de escribir, apareció una frase nueva en la página. "¿Quién eres? ¿Por qué estás escribiendo en mi diario? Santiago es el chico que me gusta. ¿Qué relación tienes con él?"
Entregué Mi Vida a Mi Hermano - undefined novels & stories
Wayne Wyeth
Desde que nací, mis padres me mantuvieron conectado a un Sistema de Transferencia de Dolor. Por culpa de esa cosa, crecí con el cuerpo cubierto de cicatrices. Mi hermano mayor, Dylan Jeater, tenía albinismo e hidroa vacciniforme. Su enfermedad era tan grave que no podía exponerse a la luz. Los médicos aseguraron que solo viviría hasta los dieciséis años. Pero Dylan siempre había sido muy travieso. Se escapaba de casa para jugar afuera y, con el tiempo, las llagas terminaron cubriéndole el cuerpo. Mi padre, Robert Jeater, trabajó día y noche hasta reunir el dinero necesario. Después pagó una fortuna por dos brazaletes del Sistema de Transferencia del Dolor: uno para Dylan y otro para mí. Durante seis años, cada vez que mi hermano se exponía al sol, todo su dolor pasaba a mi cuerpo. Mi madre, May Jeater, solía abrazarme con cariño mientras me curaba las heridas. —Chester, perdóname —me pedía con dulzura—. Solo quiero que Dylan sea feliz durante el tiempo que le queda. Espero que puedas entenderlo. En la víspera de Año Nuevo, mis padres llevaron a Dylan a pasear. Aquel día el sol pegaba con fuerza. Apenas salimos de casa, me aparecieron ampollas por todo el cuerpo. El dolor fue tan intenso que no pude contener un grito. Dylan se arrancó el brazalete y empezó a llorar. —¿Te duele? ¡Está bien! Si tanto te duele, desactiva la transferencia y déjame morir del dolor —me gritó entre sollozos—. De todos modos, solo viviré hasta los dieciséis. Voy a morir tarde o temprano. Sin la protección del brazalete, su cuerpo sufrió quemaduras graves y perdió el conocimiento. Mamá me empujó con tanta fuerza que caí al suelo. —¡Dylan soportó todos esos años sin quejarse ni una sola vez! —me gritó, cegada por la rabia—. ¡Tú solo llevas seis años cargando con su dolor y ya no aguantas! ¡Él solo vivirá hasta los dieciséis! ¡¿Acaso está mal querer que sea feliz durante los pocos años que le quedan?! Papá cargó a Dylan en brazos. —Tampoco quiero verte sufrir —aseguró sin mirarme—, pero el dolor solo puede transferirse entre hermanos biológicos. Después, los dos corrieron con Dylan al hospital. Cuando se fueron, recogí del suelo el brazalete que mi hermano había tirado. Lo sostuve entre las manos y, en ese momento, el mío vibró en mi muñeca. Bajé la mirada. La pantalla se había encendido y mostraba un mensaje: «¿Desea transferir los años de vida que le quedan al usuario vinculado?». Sin dudarlo, presioné «Confirmar».
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