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50
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Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Canalla (Mujer)
Íncubo
Sustituto/a
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Trama y ambientación

52
Matrimonio×
Todo
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
18+
Seducción
Karma
Castigo al Infiel
Liarse con alguien
Drama Familiar Total
Drama Familiar
Despertar
Encuentro Amoroso
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Embarazo
Persecución por Amor
Amor Prohibido
Sistema
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Diferencia de Edad
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

20
Todo
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Historias cortas y novelas de Matrimonio

Descubre una colección de fascinantes historias cortas de Matrimonio que exploran la intensidad de la pasión. Perfectas para quienes buscan historias de una hora que despierten su inspiración e imaginación sobre Matrimonio.
Renací para Dejar de Amarte - undefined novela & novela
Ciprés
El día en que Valeria Guzmán y yo nos casamos, el falso heredero, Jaime Castro, se suicidó. Al segundo año de matrimonio, aquello ya nos había convertido en enemigos. Ella me odiaba porque, según ella, yo, el verdadero hijo, había vuelto y había provocado la muerte de Jaime. Y yo la odiaba porque seguía aferrada al hombre que me había robado la identidad durante veinte años. Durante diez años, nos herimos con las palabras más crueles y nos deseamos la peor de las muertes. Hasta que un terremoto lo cambió todo. Ella me cubrió con su cuerpo y, con la espalda, mantuvo abierto el único espacio por el que yo podía salir vivo. La viga cayó. Le destrozó la espalda. Antes de morir, me susurró al oído: —Si hubiera sabido que él iba a morir, habría preferido no llevarte nunca de vuelta a casa. Si hay otra vida, me basta con ser tu única familia. Al final, yo también morí durante una réplica. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado a mis años de universidad, al día en que ella iba a llevarme ante mi verdadera familia. Pero, de pronto, se echó atrás. —Esteban, me equivoqué. No eres el hijo que los Castro perdieron hace veinte años.
Le entregué mi corazón y desaparecí el día de nuestra boda. - undefined novela & novela
Bonnie
—Ese video del chat grupal se grabó en tu suite nupcial, ¿verdad? —preguntó una de las mujeres con una sonrisa cargada de malicia—. ¿Divertirte con otras mujeres delante de las narices de Adela? Qué descarado. Lorenzo se echó hacia atrás, hizo girar el trago dentro del vaso y asintió con una expresión de absoluta suficiencia. —Sí, así fue. Antes estaba demasiado enfermo para hacer la mitad de las cosas que quería —añadió, dándose unos golpecitos en el pecho—. Pero después del trasplante comprendí que pasar el resto de mi vida con una sola mujer sería un desperdicio imperdonable. La habitación estalló en carcajadas. Lorenzo esperó a que el bullicio disminuyera antes de continuar. —Me he propuesto una meta: estar con mujeres en cien lugares distintos antes de la boda. En cuanto me case, sentaré cabeza. A partir de ese día, mi cuerpo y mi matrimonio pertenecerán por completo a Adela. Las risas volvieron a inundar la habitación y varias copas se alzaron para brindar. Yo permanecía al otro lado de la puerta, inmóvil, con una mano presionada contra mi pecho, justo donde aquel corazón artificial seguía latiendo con regularidad. Lorenzo nunca supo que yo había aprendido su idioma. Tampoco sospechaba que ya había descubierto su aventura con Vera, la maestra de ceremonias de nuestra boda y la mujer con la que me engañaba a mis espaldas. Y, del mismo modo que él me había ocultado algo, yo también le había guardado un secreto. Había contratado un servicio de muerte asistida en el extranjero.
Perdí a mi bebé y el Don ya lo perdió todo - undefined novela & novela
Peanut Butter
Soy la esposa legítima de Don Jones, la Donna de la familia Jones y la CEO fundadora de su imperio médico. Estuve al lado de Vincent mientras levantábamos ese imperio, desde una clínica quirúrgica con apenas dos habitaciones hasta convertirlo en la joya de la corona de la medicina privada europea. Pero, cuando tenía ocho meses de embarazo y luchaba por mi vida en el quirófano, Vincent retiró a todos los cirujanos del área de maternidad para atender a su amante. Con sus propias manos acabó con la vida de nuestro hijo y me arrebató para siempre la oportunidad de ser madre. Pensaba que yo era una huérfana sin hogar y que no tenía adónde ir. Nunca imaginó que era la única heredera de sangre de la familia Belmonte. Después del divorcio regresé a casa para ponerme al frente de un imperio médico global. Él cayó de rodillas para suplicarme. Yo observé con frialdad cómo se hundía en el infierno.
Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad - undefined novela & novela
Heliotrope
En mi vida anterior, Enzo Saletta me salvó del incendio y Chiara Bellini murió en mi lugar. Durante meses, él me cuidó como un esposo devoto, custodiando la puerta de mi habitación en el hospital, comprando regalos para nuestro hijo no nacido… Incluso, me dijo que nada de aquello había sido mi culpa. Y yo le creí… Hasta la noche después de dar a luz. Nuestro hijo dormía a mi lado y yo estaba demasiado débil para moverme, todavía adolorida por el parto, pero, durante un breve instante, creí que estábamos a salvo. Entonces olí el humo y, cuando intenté huir, comprobé, para mi pesar que… ¡la puerta no se abría! Al otro lado de la puerta cerrada con llave, oí la voz de Enzo: —Me arrebataste a Chiara. Ahora arde con tu hijo. Grité su nombre hasta que la garganta me sangró. Pero ni él ni nadie abrió la puerta, por lo que, sin poder hacer nada para evitarlo, las llamas nos devoraron a mi hijo recién nacido y a mí. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez dentro de aquel almacén en llamas, con cinco meses de embarazo, sintiendo cómo el humo impregnaba mis pulmones. Chiara seguía viva. Y, con eso presente… decidí que esa vez no llamaría a Enzo. Por el contrario, esperé hasta que él llegó y lo vi cargar primero con Chiara para sacarla de allí. Luego me arrastré sola entre el fuego, sangrando por un hijo al que él jamás tendría oportunidad de matar. Todos creyeron que yo había provocado el incendio. Todos me etiquetaron de celosa, cruel… demente. Pero habían olvidado algo. Antes de convertirme en la esposa de Enzo Saletta, yo era la mujer que ayudó a construir el sistema de seguridad de la familia Carmine. Chiara borró la grabación principal, pero no la mía.
Gané la Apuesta Final contra el Mafioso - undefined novela & novela
KarenW
Marco Ross, mi novio a escondidas y la estrella en ascenso de la mafia neoyorquina, escondió un anillo en nuestra casa. Creí que era para mí. En lugar de eso, me llegó un video donde le pedía matrimonio a otra mujer, Bianca Conti, el día de nuestro aniversario. Esa misma noche, unos hombres enmascarados irrumpieron en mi casa, me encañonaron y me obligaron a llamar a Marco. Contestó una mujer: —Marco, te llama otra vez tu huerfanita. Luego escuché la voz tajante de él: —Ni te molestes, nena; esa es solo una huérfana que tiene suerte de ser tu sustituta, una callejera que tengo por ahí, una tipa que solo me sirve para calentarme la cama. Los hombres enmascarados me dispararon en el estómago y huyeron. Marco no sabía que yo era la verdadera heredera de los Conti. Bianca, a quien él tanto adoraba, no era más que una impostora. En su momento, me negué a llevar el apellido Conti por Marco, por miedo a que eso nos arruinara. Pero si yo nunca le importé, ¿por qué tendría que importarme él a mí? Llamé a mi padre: —Papá, vuelvo a casa, me hago cargo del negocio y acepto el acuerdo matrimonial, pero Bianca tiene que irse.
Me perdiste, hermanastro - undefined novela & novela
Bonnie
Cuando tenía diez años, mi madre se casó y entró en la familia Corleone, y yo la seguí hasta esa casa. Antes de que Vincent Corleone aprendiera a odiarme, alguna vez me había tratado como a una verdadera hermanita. Después, se convirtió en la persona que más daño me hizo. Él creía que mi madre había llevado a la suya a la muerte, y desde ese día se aseguró de que yo pagara por ello. Humillaciones, desprecio, crueldad… nunca me ahorró nada. Entonces Leo Moretti, el amigo más cercano de Vincent, me confesó que me amaba. Pensé que era mi salida. Sin embargo, me equivoqué. La mañana después de entregarle mi primera vez, lo escuché hablar con Vincent detrás de una puerta entreabierta. —Conseguí las fotos de su primera noche —dijo Leo en voz baja—. ¿De verdad vas a hacerlas públicas? La voz de Vincent fue tan fría que me heló la sangre. —Ella le debe una vida a mi madre. Si no puedo cobrársela de esa forma, entonces me aseguraré de que pague de otra manera. Quiero verla destruida. Fue en ese momento cuando lo comprendí: la ternura había sido falsa, y el amor… una trampa. El hombre en quien más había confiado había estado esperando desde el principio para destruirme. Lo que ellos no sabían era que, dos semanas antes, yo ya había recibido una invitación del profesor Evans, del instituto internacional de investigación médica más importante del mundo. Así que esta vez fui yo quien se marchó primero. Y nunca pensaba volver.
Siete días para decir adiós - undefined novela & novela
uni
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico. En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias. Él nunca contestó. Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar. Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn: «Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor». En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años. Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada. Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo. Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición. En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
El juguete del jefe - undefined novela & novela
Vincent
Todos me advirtieron que jamás me enamorara de Dante Moretti. Decían que era el fantasma de la familia Velasco: el segundo al mando que ordenaba ejecuciones sin parpadear, con el corazón más frío que el cañón de su propia pistola. Pero cuando me doblegó sobre aquel escritorio de caoba y presionó su boca contra mi oído, exigiéndome que pronunciara su nombre, fui lo suficientemente estúpida como para creer que aquello era posesión. Me tomó un año entero abrir los ojos a la verdad. Las fotografías bajo llave en el cajón de su despacho nunca fueron mías. La mujer vestida de blanco que lo esperaba los domingos por la mañana en el distrito de la catedral nunca fui yo. La chica que recibió una bala por él, a la que él llamaba su «salvación»... Su nombre es Elena Abate. Y resulta que Elena es la hija de mi madrastra. Para salvar a la familia, mi padre intenta venderme por quinientos millones a un heredero de los Agosti que ya tiene un pie en la tumba. Mi madrastra conspira para borrarme del mapa por completo. ¿Y el hombre que creí capaz de reducir esta ciudad a cenizas por mí? El día que más lo necesité, estaba subiendo a Elena por las escaleras, cargándola en brazos como si fuera un objeto sagrado. Todos pensaron que yo era solo un peón que podían mover a su antojo en su tablero de ajedrez. Se equivocaron. Si Dante no puede dejar ir a su precioso amor de infancia, a su «salvación», entonces me convertiré en la «viuda» de alguien más. Si Elena cree que ya ganó este juego, dejaré que mire desde la primera fila cómo una mujer que no tiene nada que perder lo destruye todo. Mi nombre es Serafina. Recuérdalo. Porque estoy a punto de convertirme en el castigo que ninguno de ustedes vio venir.
Manos que Salvan, Manos que Matan - undefined novela & novela
Bonnie
La noche de nuestro séptimo aniversario, me llamaron para una cesárea de emergencia. Antes de que pudiera entrar a prepararme, el director me sujetó del brazo con firmeza. —Gianna, la paciente de esa mesa está bajo la protección de un hombre con suficiente poder para hundir este hospital antes de que termine el día. No cometas ni un error. Le eché un vistazo al expediente de la paciente y me dejó inquieta. Los hombres de nuestro mundo, sobre todo los de la clase de Enzo, eran posesivos con sus esposas. ¿Cómo podía un hombre así adorar a otra mujer? La cirugía salió bien. Incisión limpia, sutura impecable, sin complicaciones. Apenas exhalé aliviada cuando un grupo de hombres de negro me arrastró y me obligó a arrodillarme afuera de la sala de recuperación.
El Borracho que Me Hizo Su Reina - undefined novela & novela
Mónica Herrera
Invité a mis compañeros a un bar para divertirnos, pero al momento de pagar descubrí que no tenía saldo suficiente. Desesperada, caminé hacia el reservado VIP donde estaba sentado aquel hombre guapísimo. —Cúbreme la cuenta. Luego te transfiero. El hombre me miró con una frialdad fingida. —Señorita, ¿nos conocemos? Le arrebaté la copa de la mano. —No. Pero pregúntale a tu guardaespaldas cuántas veces me ha pedido ayuda por tu culpa. Ya te he sacado de apuros varias veces. ¿Tanto te cuesta devolverme el favor aunque sea una vez? El hombre puso cara de no entender nada, pero el guardaespaldas que estaba a su lado se llevó una mano a la cara. —Señor, es verdad. Cada vez que usted se emborracha, no deja que nadie se le acerque. Solo a ella la deja acercarse. Para poder llevarlo a casa, he tenido que llamarla varias veces y pedirle ayuda.
La guerra terminó; mi vida comenzó. - undefined novela & novela
Myosotis
Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra. Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras. Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre. La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía. La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía. Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.» Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel. Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar. Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
Adiós al amor que perdí hace ocho años - undefined novela & novela
Mónica Herrera
Hace ocho años, le rompí el corazón al único hombre que he amado. Ahora, tras pasar casi una década en el extranjero, Liam Hayes por fin volvía a casa. Y no venía solo: traía a su nueva novia para presentarla a su familia. Ese mismo día, el hospital me dio su veredicto final. El cáncer había ganado. Ya no quedaba nada por intentar, ningún tratamiento que probar. Me enviaron a casa sabiendo que mis días estaban contados. Cuando el señor Liam me vio en el hospital, mientras mi madre me ayudaba a subir a una silla de ruedas, una sonrisa gélida curvó sus labios. —Ocho años —dijo, con una frialdad que calaba los huesos—. ¿Y en esto te convertiste? ¿Ya ni siquiera puedes caminar sola? El desprecio se filtraba en cada una de sus palabras. Yo solo tiré de la manga de mi abrigo hacia abajo, ocultando las marcas de los pinchazos de las agujas en el dorso de mi mano. —No es nada —respondí en un susurro—. Me caí y me fracturé un hueso. Eso es todo. Él soltó una carcajada seca y amarga. —En ese caso, ya que me voy a casar pronto, ¿por qué no vienes a la boda? Serías la dama de honor perfecta para mi prometida. Le sonreí, fingiendo que sus palabras no me estaban desgarrando el alma. —Te lo agradezco, pero no podré. Estoy a punto de irme a un lugar muy, muy lejano. Luego, le di una palmadita en la mano a mi madre, pidiéndole en silencio que me sacara de ahí y me llevara a casa.
Renacida: Ya No Soy Ciega Por Tu Amor - undefined novela & novela
Mónica Herrera
En cuanto obtuve mi licencia de conducir, fui directamente al hospital para que me extrajeran las córneas. En mi vida anterior, el primer día del semestre, la amiga de la infancia de mi novio tomó mi auto a escondidas y llevó a otros tres estudiantes a un centro comercial cercano a la universidad. Condujo a exceso de velocidad, se saltó varios semáforos en rojo y terminó atropellando mortalmente a una mujer embarazada y a un anciano. Sin embargo, los tres estudiantes declararon que había sido yo quien iba al volante y que, después del accidente, había huido del lugar. Cuando la policía me arrestó, traté de explicar desesperadamente que era ella quien conducía el coche. Pero ella se arrojó a los brazos de mi novio y, con expresión de agravio, dijo: —Jade, sé que no te agrado, ¡pero no puedes incriminarme de esta manera! Entonces, Fred sacó la grabación cámara del tablero de mi coche. En el video aparecía yo conduciendo, atropellando a las víctimas y huyendo presa del pánico. —En lugar de arrepentirte, intentas culpar a otra persona. Al ver aquellas imágenes, los familiares de las víctimas estallaron de ira y me apuñalaron dieciocho veces. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día anterior a que la amiga de la infancia de mi novio tomara mi vehículo.
La misión de mi esposa: salvar a su primer amor - undefined novela & novela
Victoria Guerra
Acababan de darme el alta tras una cirugía en la pierna cuando Victor Clark, el antiguo compañero de mi esposa, quien le guardaba rencor por quitarle un puesto de trabajo, me arrastró hasta la azotea y me apuñaló una y otra vez. Mi esposa, Melissa Lane, era la capitana de la unidad de rescate, pero estaba demasiado ocupada movilizando a todo su equipo para impedir que Ethan Hayes, su primer amor, incendiara su apartamento alquilado. No la llamé para que me salvara. Porque en mi vida anterior, le rogué que me ayudara. Ella abandonó a Ethan y corrió a rescatarme. Al final, yo sobreviví pero Ethan murió entre las llamas. Melissa no me culpó en ningún momento. Dijo que Ethan se lo merecía e incluso me prometió una sorpresa para mi cumpleaños, una semana después. Pero, el día de mi cumpleaños, me drogó, me clavó un cuchillo una y otra vez. —Tú y Victor me tendieron una trampa ese día, ¿verdad? ¡Esas puñaladas ni siquiera fueron graves! ¡Nunca estuviste a punto de morir! Y ya que tanto te gusta que te apuñalen, ¡haré que esta vez sea de verdad! Cuando volví a abrir los ojos, regresé al día en que Victor me tomó como rehén. Esta vez, dejé que Melissa fuera a salvar al amor de su vida.
Mi menstruación expuso todo - undefined novela & novela
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Que La Muerte Te Separe - undefined novela & novela
Sarah Lane
Mi hermana menor, Rosalind Thorne, me quitó nueve novios, uno tras otro. El miedo me impidió volver a enamorarme hasta que Nikolai Volkov me pidió matrimonio. Me trataba como a un tesoro. Creí de verdad que por fin había encontrado al hombre indicado. Pensaba que estaba destinada a convertirme en su Donna y llevar una vida tranquila y segura a su lado. La víspera de nuestra boda, Nikolai envió a Rosalind al extranjero. Cuatro años después de casarnos, me encontré con ella en un banquete. Uno de los invitados sonrió con sarcasmo. —Nikolai te mandó al extranjero a pudrirte durante cuatro años. ¿No lo odias? Rosalind sonrió, provocadora. —Es el padre de mi hijo. ¿Por qué iba a odiarlo? La sala quedó en silencio. —¡Mi hermana es tan estúpida e ingenua que en serio cree que Nikolai me desprecia! Rosalind sonrió con desprecio. —Le di heredero, viví en su propiedad, conduje sus autos de lujo y gasté su dinero. Cuando Rosalind terminó de hablar, todos los presentes se volvieron hacia mí. Como esposa legítima de Nikolai Volkov, no sabía nada de lo que Rosalind acababa de revelar. Sin embargo, no lloré ni hice un escándalo. Solo pulsé “enviar” en el correo que había redactado mucho tiempo atrás. La respuesta no tardó en llegar. “Será un placer recibirte en mi equipo. Llevo tiempo esperándote”. Al leerla, poco a poco volví a sonreír de verdad. Nikolai Volkov, a partir de este momento, ya no tienes que fingir que me amas.
Memorias que se vuelven viento - undefined novela & novela
Belén Cadiz
Durante una partida de «Verdad o reto», mi novio perdió y tuvo que comprarles bebidas a todos, por lo que, media hora después, regresó cargado de bolsas y, con una gran sonrisa, comenzó a repartirlas. —Jake, llevas dos días sin dormir. Aquí tienes tu helado americano. Lula, para ti el de mango y maracuyá con tapioca extra, ¿verdad? Y también tu jugo de limón, sin hielo. Lo has pedido unas ochocientas veces. Fue recorriendo el círculo hasta que todos tuvieron un vaso en las manos. Sin embargo, cuando llegó frente a mí, la bolsa ya estaba vacía. La habitación quedó sumida en un silencio incómodo. —¿Y la bebida de Harper? Todd Rossi levantó su vaso y lo tendió hacia mí. —Se me olvidó, pero puede compartir la mía. Sus amigos estallaron en risas y enseguida comenzaron las bromas. —Vamos, ¿otra vez con lo mismo? Si vas a presumir tu amor delante de todos, al menos cambia de estrategia de vez en cuando. Las carcajadas llenaron la habitación. Todos creían que aquello era una muestra pública de afecto. Pero… yo conocía la verdad: Todd no había olvidado la bebida; se había olvidado de mí. Después de cuatro años juntos, todavía era incapaz de recordar que yo era alérgica a los duraznos. Por eso, en silencio, dejé el vaso sobre la mesa. Había soportado ese tipo de descuidos durante demasiado tiempo… Y hoy, por primera vez, decidí marcharme.
La Falsa Pobreza Del Don - undefined novela & novela
Serein M
En la noche de nuestro tercer aniversario, Killian volvió a dejarme plantada durante la cena. Me envió un mensaje diciendo que se quedaría trabajando hasta tarde en el taller mecánico. Miré el pastel de oferta, de cinco dólares con noventa centavos, que estaba sobre la mesa. Había tenido que abrirme paso entre la multitud en el supermercado para poder comprarlo. Tragué el amargo nudo que se me había formado en la garganta. «Tenemos que ahorrar para comprar una casa de verdad en Brooklyn», me dije a mí misma antes de guardar cuidadosamente el pastel en la heladera. Me ajusté bien el abrigo barato y salí al frío de la noche para repartir comida a domicilio y ganar un poco de dinero extra. Jamás imaginé que terminaría encontrándome con mi “pobre” esposo en un hotel de lujo en pleno Manhattan. Bajó de un Rolls-Royce con un impecable traje hecho a medida y le lanzó billetes de cien dólares al encargado del estacionamiento. Detrás de él apareció una mujer deslumbrante que llevaba un collar con un rubí de sangre de paloma, una gema de valor incalculable, y se aferró a su brazo con naturalidad. —Killian, está nevando demasiado fuerte. ¿De verdad vas a regresar a Brooklyn para seguir jugando a la casita con tu ingenua esposa pueblerina? —Se quejó con voz caprichosa. Killian bajó la mirada hacia el barato y desgastado anillo de plata que llevaba en el dedo. Por un breve instante, un destello de ternura cruzó sus fríos ojos. —Durante tres años, ella trabajó en cinco empleos distintos para pagar las deudas falsas que yo inventé. Ni siquiera iba al médico cuando se sentía mal. Ya fue suficiente. Pasó mi prueba. Cuando me encargue del traidor que se oculta dentro de mi propia familia, le contaré toda la verdad. Le daré la gloria que merece como mi Donna. La mujer se mordió el labio. —¿Y si descubre que eres un Don de la mafia y que solo está contigo por tu dinero? ¿Por qué no le dices que tienes una enfermedad terminal? Así podrás ver si está dispuesta a sacrificar hasta sus últimos ahorros para salvarte. Ponla a prueba una vez más... Después de un largo silencio, Killian finalmente asintió. —Una última prueba. Después de esto, le daré la boda más majestuosa de todas. El viento helado rugía con fuerza. Apreté la bolsa de papel con la comida entre mis manos; las lágrimas rodaron por mi rostro sin emitir un solo sonido. Se acabó. Ya no quiero seguir aferrándome a este amor arrogante y lleno de mentiras.
Me Cambió por su Primer Amor - undefined novela & novela
Bella
La noche previa a nuestra boda, Vincent, mi prometido, me pidió que le cediera mi lugar en el altar a Sofía, su primer amor. En mi vida pasada, me negué sin pensarlo. Al día siguiente, me casé con él en una ceremonia deslumbrante y me convertí en la madrina de la mafia de Chicago. Cuando Sofía se enteró, no pudo soportarlo y se lanzó al mar para quitarse la vida. Desde entonces, Vincent me culpó por su muerte. Durante los siguientes treinta años, me repitió la misma frase cada vez que tuvo la oportunidad: —Elena, si aquel día me hubiera casado con Sofía, ella no habría muerto —me reprochaba con amargura. Ni siquiera en su lecho de muerte consiguió dejar el pasado atrás. —No me entierren junto a Elena —les ordenó a nuestros hijos con su último aliento. Un año después de su muerte, enfermé de gravedad y también perdí la vida. Pero, cuando volví a abrir los ojos, había regresado a la noche anterior a nuestra boda. La voz de Vincent volvió a llegarme a través del teléfono. —Sofía necesita ese título más que tú —me explicó—. Todo el mundo sabe que te amo y te respeta por eso, pero ella es diferente. No es más que una pobre huérfana… Esta vez no esperé a que terminara. —Está bien. Acepto —respondí con calma. Colgué la llamada, me di la vuelta y firmé los documentos con los que renunciaba a cualquier vínculo con la familia. Después tomé un avión rumbo a Sicilia para ingresar al Instituto Salk, el lugar que siempre había admirado, pero al que nunca me permitieron ir. En esta vida, no volvería a vivir bajo las órdenes de Vincent. Y mucho menos a convertirme en su sombra.
El adiós de su compañera secreta - undefined novela & novela
Rosamary
Me había mentido sesenta y seis veces, prometiéndome que dejaría ir a su amor de la infancia. Sin embargo, cada vez que ella lo necesitaba, él seguía corriendo a su lado sin dudarlo. Yo solo le mentí una vez. Deslicé el Acuerdo de Disolución del Lazo de Compañeros entre los documentos de la ceremonia y logré que lo firmara. En mi vida pasada, e impedí ir con ella por última vez. Aquella noche, Iris murió bajo las garras de los renegados de la frontera, y Damon me odió con tanta rabia que el alma de su lobo terminó haciéndose pedazos. Esta vez, elegí dejarlo ir. Hoy era el último día del periodo de notificación pública. Cuando quedaban tres horas, hice las maletas y reservé un vuelo privado hacia la frontera. A las dos horas, corté cada uno de los enlaces de energía lunar que nos unían y quemé nuestra única fotografía juntos. Cuando solo quedaba una hora, le dejé una carta. «Este es el décimo año en que te he amado, y el primer día en que te dejo». Más tarde, me persiguió hasta el aeropuerto como un demente. Pero esta vez, yo no iba a mirar atrás.
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