Novels
Short Stories

Genres

Romance×
All
Romance
Drama Realista
Hombres Lobo
Mafia
MM Romance
Vampiro
Mitología
Fantasía
Vida Escolar/Campus
Imaginación
Reencarnación
Misterio/Suspenso
Leyenda Popular
POV masculino

Characters

49
Egoísta×
All
Egoísta
Mujer Poderosa
Amante
Independiente
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
Amigos de la Infancia
CEO/Magnate
Hipócrita
POV masculino
Primer Amor
Psicópata
Sin Sentimientos
Luna
Rompehogares
Compañero
Doble Reencarnación
Mujer Casada Joven
Amor Incondicional
Heredera Verdadera/Falsa
La más Popular
Excéntrico/a
Mejor Amiga
Vampiro
Escoria
Doctor/a
Diosa/Idol
Calculador/a
Protagonista Animal
Secretario/a
Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Canalla (Mujer)
Vecindario
Íncubo
Sustituto/a
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

52
All
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
Karma
Castigo al Infiel
Drama Familiar Total
18+
Drama Familiar
Seducción
Despertar
Encuentro Amoroso
Liarse con alguien
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Themes

20
Giro Inesperado×
All
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Giro Inesperado Romance Short Stories & Egoísta Novels

Discover a collection of engaging Giro Inesperado Romance short stories featuring Egoísta, with compelling plots and immersive storytelling. Perfect for readers seeking one-hour short stories and quick, immersive reads online.
La noche en que las dos dimos a luz - Romance novels & stories
Mónica Herrera
Una vez jugué con un universitario. Cuando se enamoró de mí, terminé con él. Años más tarde, cuando se convirtió en alguien exitoso, se casó conmigo delante de todos los que pensaban que yo tenía suerte de tenerlo. Mi familia cayó en desgracia y, a ojos de los demás, me había sacado la lotería. Lo que nunca vieron fue lo que ocurría en privado. Cada noche llegaba a casa con una mujer diferente. Nunca lloré. Nunca armé un escándalo. Eso solo pareció enfurecerlo aún más. Entonces decidió ir más lejos. Dejó embarazada a propósito a Natalie, su primer amor. Como aún conservaba la calma, me acorraló contra la pared y me preguntó: —Stella, ¿acaso me amas? Más tarde, Natalie y yo entramos en trabajo de parto la misma noche. Caí de rodillas y finalmente le confesé que lo amaba. Le rogué que me llevara al hospital. Me abrazó con fuerza, incapaz de ocultar su satisfacción. —Lo sabía —dijo—. Eres una mentirosa. Entonces me apartó bruscamente, tomó a Natalie en brazos y se marchó sin mirar atrás. —Después te llevaré al hospital. El dolor del parto será tu castigo.
Mi Matrimonio, Su Lamento. - Romance novels & stories
María
Empecé a llamar a mi hermano "señor Quinn" y a mi amigo de la infancia "señor Webb". Ambos fruncieron el ceño con desconcierto y me preguntaron por qué estaba siendo tan formal con ellos. Yo simplemente respondí con una sonrisa apenas perceptible. —Porque creo que preferirían que los relacionaran con Vanessa Quinn. Me reprendieron, acusándome de ser caprichosa: —Vanessa está a punto de casarse con un hombre en coma por tu culpa, y su vida entera se arruinará. La única razón por la que la tratamos tan bien es porque estás en deuda con ella. Sin embargo, lo que ellos no saben es que, esta vez, la persona que se casará con el hombre en coma no es Vanessa. Soy yo: Willow Quinn.
Memorias que se vuelven viento - Romance novels & stories
Belén Cadiz
Durante una partida de «Verdad o reto», mi novio perdió y tuvo que comprarles bebidas a todos, por lo que, media hora después, regresó cargado de bolsas y, con una gran sonrisa, comenzó a repartirlas. —Jake, llevas dos días sin dormir. Aquí tienes tu helado americano. Lula, para ti el de mango y maracuyá con tapioca extra, ¿verdad? Y también tu jugo de limón, sin hielo. Lo has pedido unas ochocientas veces. Fue recorriendo el círculo hasta que todos tuvieron un vaso en las manos. Sin embargo, cuando llegó frente a mí, la bolsa ya estaba vacía. La habitación quedó sumida en un silencio incómodo. —¿Y la bebida de Harper? Todd Rossi levantó su vaso y lo tendió hacia mí. —Se me olvidó, pero puede compartir la mía. Sus amigos estallaron en risas y enseguida comenzaron las bromas. —Vamos, ¿otra vez con lo mismo? Si vas a presumir tu amor delante de todos, al menos cambia de estrategia de vez en cuando. Las carcajadas llenaron la habitación. Todos creían que aquello era una muestra pública de afecto. Pero… yo conocía la verdad: Todd no había olvidado la bebida; se había olvidado de mí. Después de cuatro años juntos, todavía era incapaz de recordar que yo era alérgica a los duraznos. Por eso, en silencio, dejé el vaso sobre la mesa. Había soportado ese tipo de descuidos durante demasiado tiempo… Y hoy, por primera vez, decidí marcharme.
Me Perdió por Elegir a su Secretaria - Romance novels & stories
Brenda Padilla
Mi esposo, Sergio Rivas, era un hombre frío incluso en la intimidad y cronometraba cada encuentro con una precisión extrema. Pero aquel día, cuando apenas íbamos por la mitad, sonó en su celular el tono especial que tenía asignado exclusivamente a Diana. Del otro lado de la línea se oyó la voz de Diana Cruz, su joven secretaria, entrecortada por el llanto. —Sergio, se reventó una tubería en mi casa. Tengo miedo… Él se levantó y se vistió sin pensarlo siquiera. Me mordí el labio. Humillada, estiré la mano para detenerlo. —Ya es muy tarde y todavía no hemos… —Diana está sola y no tiene a nadie. Soy su jefe; no puedo desentenderme. Sin mirarme, se soltó con calma y se acomodó el cuello de la camisa. —Ya cumplimos por hoy. La próxima vez compensaremos lo que faltó. La respiración se me detuvo. Así que estar conmigo no era más que una obligación. Poco después de que se fuera, recibí un mensaje de Diana. En la foto aparecía apoyada en el hombro de mi esposo. "Ángela, de verdad lo siento. Me asusté mucho. La próxima vez me aseguraré de que Sergio te compense. Por hoy tendrás que arreglártelas con tu juguetito". Lo leí todo sin decir una palabra. Me levanté, me duché con calma, lavé las sábanas y me puse un pijama limpio. También tomé una decisión que llevaba demasiado tiempo posponiendo: tenía que sacarlo de mi vida.
Mi Novia Eligió a Mi Mejor Amigo - Romance novels & stories
Bernaldma Marín
Durante una reunión, Estrella Sánchez, mi novia, perdió una ronda de verdad o reto. Le empezaron a dar cuerda para que dijera diez cosas buenas de Sebastián Hernández, mi mejor amigo de la infancia. Ella respondió casi sin pensarlo: —Es extrovertido, guapo, está en forma, es atento y sabe consolar a los demás. Siempre está sonriendo, sabe tratar a la gente, es capaz y tiene buen gusto. Además, sabe cómo hacer feliz a los demás. En la siguiente ronda, Sebastián sonrió y le devolvió la pregunta: —Entonces dinos, ¿qué le ves de bueno a Daniel? Estrella me miró y se quedó paralizada unos segundos. Al final, solo dijo: —Es comprensivo. Alguien intentó aliviar la tensión con una sonrisa. —¿Y qué más? Estrella frunció el ceño y pareció pensarlo durante mucho rato, pero no logró mencionar una segunda cosa buena. En medio de aquel silencio incómodo, de pronto me sentí agotado. Ella y yo llevábamos siete años juntos y nuestra boda sería la semana siguiente. Sin embargo, después de pensarlo tanto, lo único bueno que había podido decir de mí era que era comprensivo. Esta vez, ya no quería seguir siendo el comprensivo de siempre.
Llegó su amor de infancia y yo me fui - Romance novels & stories
Sunnys
Había perdido la cuenta de cuántas veces Ethan me había rechazado cuando le pedía quedarme a dormir en su casa. —Ethan, eres un aburrido —protesté. El día anterior, había encontrado una marca en la puerta principal, una señal de las que se usan para indicar que en esa casa vivía una mujer sola. Me dio mucho miedo, así que acudí a Ethan y le pregunté si podía quedarme en su casa por unos días. Él se negó. —Te reservaré una habitación de hotel para esta noche. Su tono se suavizó al verme triste. —Es solo que no quiero renunciar a mi propio espacio tan pronto. Dame un poco de tiempo para acostumbrarme a la idea, ¿sí? Llevábamos tres años juntos y, sin importar a qué hora terminaran nuestras citas, él siempre me llevaba de vuelta a casa. Nunca me pidió que me quedara. No me hizo ninguna gracia, pero asentí y lo dejé pasar. Como todavía no era tan tarde, sugerí que fuéramos a ver la película que acababa de estrenarse. Ethan, en lugar de aceptar, miró la hora y me llevó rápidamente al hotel, visiblemente inquieto. Sola en la habitación, encontré en redes sociales una publicación de una nueva compañera de trabajo. «El aire acondicionado de mi casa se descompuso. Menos mal que tengo a quién acudir; si no, me derretiría». La foto detrás del texto mostraba la pared de la sala de Ethan, con su televisión al fondo. Sentí un nudo en el estómago. Me quedé mirando la imagen durante un buen rato. Cuando reaccioné, tenía el rostro empapado de lágrimas. Entonces, me quité el anillo de compromiso que Ethan me había dado. Un amor que había sido corrompido por algo podrido en su interior ya no era el amor que yo quería para mi vida.
Le Dieron Mi Habitación A Su Hija Elegida. - Romance novels & stories
Heliotropo
El día que nos mudamos a nuestra nueva casa y mi hermana adoptiva se quedó con mi habitación, decidí marcharme. Aquella mañana, mamá compartió el plano de la casa en nuestro chat familiar. Había tres dormitorios: uno para mis padres, otro para mi hermano mayor y el más amplio y luminoso llevaba la etiqueta «Cuarto de Sophie». Mi nombre no aparecía por ningún lado. Diez años antes, el padre de Sophie se había ahogado mientras intentaba salvar a mi hermano. Desde entonces, mi familia consideraba cada sacrificio como una deuda que yo estaba obligada a saldar con ella. Cuando pregunté dónde se suponía que dormiría, mi madre apenas dudó: —Pronto te irás a hacer un posgrado. Darte una habitación sería un desperdicio. De inmediato, volvió a centrar toda su atención en Sophie, ayudándola a elegir unas cortinas de color rosa. Mi hermano cargaba sus muebles nuevos, mientras mi novio, con quien llevaba tres años, armaba una estantería para sus libros. Me senté sobre una caja de mudanza y, finalmente, lo comprendí: no se habían olvidado de mí. Habían decidido que Sophie merecía mi habitación, mi familia e incluso al hombre que debía amarme. Como para ellos ya no había lugar para mí en aquella familia, opté por darles exactamente lo que querían. Abrí el contrato de investigación confidencial en mi teléfono y lo firmé. Diez años. Ni una sola visita a casa. Dentro de diez días, desaparecería de sus vidas para siempre.
Elegiste Cuidarla; Yo Elegí Olvidarte - Romance novels & stories
Ximena Beltrán
El día de la audiencia, el juez hizo la pregunta de rigor: —Solo llevan tres años casados. ¿Está segura de que su relación se ha roto de manera irreparable? Esbocé una sonrisa amarga, me quité el anillo de bodas y lo dejé sobre la mesa. —Llevamos tres años casados y hemos vivido separados durante los tres. ¿De verdad cree que aún queda algo entre nosotros? Habíamos sido novios durante cinco años. Yo era su contacto de emergencia e incluso la beneficiaria de su seguro. Creí que había elegido al hombre correcto, pero el mismo día de nuestra boda recibió una llamada y se puso pálido. Cuando le pregunté qué ocurría, solo dijo que su madre estaba enferma. Lo dejó todo y compró de inmediato un boleto de avión para volver a cuidar a su madre. Durante los tres años siguientes me enviaba, todos los días, fotografías de cada una de sus comidas. Sin embargo, su madre jamás aparecía en ellas. Como me dolía verlo hacerse cargo de todo él solo, le propuse renunciar a mi trabajo para acompañarlo y ayudarlo a cuidarla. Él se negó, diciendo que no soportaría verme sacrificar mi carrera. Hasta que, unos meses atrás, encontré la cuenta de una influencer que compartía su lucha contra el cáncer. Santiago Vega aparecía en uno de sus videos, acompañado de una frase llena de ternura: "Está conmigo al despertar. Está conmigo en cada comida. Y es su mano la que nunca suelta la mía". ¿Y yo? Durante más de mil días y noches, solo me tuve a mí misma. Me había mentido. El juez dejó el expediente sobre el estrado y formuló una última pregunta: —¿Lo ha pensado bien? Asentí con firmeza. Cuando declaró disuelto nuestro matrimonio, miré la sentencia de divorcio y rompí a llorar. Santiago, te dejo ir. Y también me libero a mí misma.
Dejé de ir tras su vuelo. - Romance novels & stories
Feath
Brandon Smith llevaba ocho años volando. Estuve con él desde que empezó como copiloto hasta que logró ascender a capitán. En el año más ocupado de su carrera, renuncié a mi trabajo y empecé a cocinar según sus horarios de vuelo. Solo una vez le hice una pregunta: —¿Podrías mostrarme algún día cómo se ve todo desde miles de metros de altura? Solo una vez, por favor. Brandon siguió comiendo. —El avión es un lugar de trabajo, no un parque de diversiones para ti. —Está bien —respondí. Desde entonces, nunca volví a mencionarle el tema. Hasta que una noche, mientras sufría de insomnio, encontré por accidente un álbum de fotos oculto y protegido en el teléfono de Brandon. El álbum contenía más de cuarenta fotos, todas tomadas desde su perspectiva como piloto. Había mares de nubes, atardeceres, arcoíris dobles después de una tormenta y hasta la Vía Láctea en el cielo nocturno mientras el avión volaba a miles de metros de altura. Todas las fotos se las envió a la misma persona, guardada bajo un emoji de oso. La más reciente era una foto del hermoso cielo al atardecer, tomada tres días antes. La mitad del sol asomaba entre las nubes. El mensaje que acompañaba la foto decía: "El cielo hoy está tan hermoso como siempre. La próxima vez que vengas, puedes sentarte en el asiento del observador. Desde ahí tendrás el mejor ángulo para ver el cielo". La persona del emoji de oso respondió con un emoji de abrazo y una frase corta: —Espera a que esté de descanso. Volví a dejar el teléfono de Brandon en su sitio, sin cambiar la contraseña ni borrar el álbum. Cuando salió el sol, me preparé un café como de costumbre y me lo tomé en silencio. Después, encendí la computadora y reservé un vuelo a Dalco. Después de ocho años, ya no tenía que perseguir las rutas de vuelo de Brandon ni esperar a que llegara la sus horarios de comida. Tampoco tenía que quedarme en una casa vacía mientras intentaba adivinar hacia qué destino volaba en ese momento. Ya que el cielo de Brandon se negó a aceptar mi presencia, echaría raíces en otro lugar y contemplaría ese atardecer por mi cuenta.
Me Mandaste Lejos Para Estar Con Ella - Romance novels & stories
Leticia Velázquez Morales
Después de pasar cinco años asignada a un proyecto lejos de casa, salí del aeropuerto convencida de que Pablo Alcázar cumpliría su promesa y me pediría matrimonio. Pero me recibió con el rostro impasible. —Perdóname. Antes de que pudiera reaccionar, continuó: —Yo manipulé tu traslado… Te envié a propósito a un proyecto remoto, en una zona desértica de gran altitud del noroeste, para que Verónica y yo pudiéramos estar juntos. Ella estaba embarazada y yo no veía otra salida. Permanecí en silencio, mordiéndome el labio hasta sentir el sabor de la sangre. Cinco años de tormentas de arena, veranos abrasadores, temperaturas invernales de hasta treinta grados bajo cero y jornadas infernales de dieciséis horas. Todo había sido una cárcel diseñada por él. —Eres dominante y agresiva. Temía que le hicieras daño —continuó—. No te lo cuento para que me perdones, sino para que tengas tiempo de calmarte y no armes un escándalo. Su voz estaba cargada de resignación. Retrocedí cuando intentó tocarme y sonreí entre lágrimas. —Pablo, lo nuestro pudo haber terminado con dignidad, pero tú lo convertiste en algo imperdonable.
Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica - Romance novels & stories
Dolores Lozano
Tres días antes de que comenzaran las clases, Óscar Bernal, mi novio por internet, me dijo que me había usado como apuesta mientras jugaba a los dados con sus amigos y que había perdido contra uno de ellos. Antes de que pudiera reaccionar, me agregó al chat de estudiantes de primer año, donde había más de cien personas. Alguien envió un mensaje: "¡Felicidades, Antonio! ¡Acabas de ganarte una Gordiflaca!" Enseguida publicaron una foto mía de la secundaria. La ropa me quedaba demasiado ajustada y apenas se me veía el cuello. El chat estalló. "¿Qué demonios? Eso no es una novia, es una cerda." "Una apuesta es una apuesta. Mañana Antonio tendrá que hacer con ella los retos de pareja." Al poco tiempo, alguien abrió otra apuesta: querían saber si me atrevería a presentarme la noche siguiente. Mi novio virtual apostó cuatro mil dólares a que no iría. "No me culpes. Tú sacaste el seis y tú te la ganaste." Antonio no dijo una sola palabra. En cambio, Lorena Marín, a quien todos consideraban la chica más bonita del grupo de estudiantes de primer año, me etiquetó: "Vas a venir mañana, ¿verdad?" Miré los mensajes que no dejaban de acumularse y sonreí. Nadie sabía que, para nuestro primer encuentro en persona, había bajado de cien a cincuenta kilos. Tampoco sabían que, en los últimos meses, más personas me habían pedido mi número o mis redes sociales que en los dieciocho años anteriores de mi vida. Sin decir nada, aposté seiscientos dólares a que llegaría puntual. Luego, en medio de las burlas de todos, envié un mensaje: "Una apuesta es una apuesta."
Un juego reveló la traición de mi esposo - Romance novels & stories
Xavier Alegría
En nuestro segundo aniversario, Sebastián Duarte invitó a varios amigos de su tierra a casa para una cena. Después de unas copas, durante un juego, mi mejor amiga, Camila Ferrer, fue la primera en hablar. Lo hizo en guaraní. —Yo sí... pasé toda una noche con uno de los hombres que están aquí, en la cama de su propia novia. Todos alrededor de la mesa estallaron en carcajadas. Sebastián sostuvo su copa con calma y, también en guaraní, respondió con una sonrisa: —Pues yo también... a espaldas de mi novia, me acabé dos cajas de condones con su mejor amiga. Las risas aumentaron todavía más. Camila le dio una patada. —¡Habla más bajo! ¡La tienes sentada justo al lado! Sebastián se volvió hacia mí sonriendo. —Ella es de Santa Lucía. No entiende guaraní. Luego me pellizcó la mejilla con cariño. —¿De qué están hablando? —pregunté en voz baja. —Camila dijo que ya tiene novio y todos se están burlando de ella por eso. Como si nada hubiera pasado, puso un trozo de carne en mi plato. A través de la copa de vino y las luces borrosas, los vi juntos, como si una niebla invisible intentara ocultar la realidad que no quería aceptar. Siempre había creído que Sebastián me conocía bien, pero él nunca imaginó que yo había nacido en Puerto Esmeralda, donde también se hablaba guaraní.
La Maldición de Amarte - Romance novels & stories
Dawn Ether
La noche en que la maldición de amor de Dominic Stone volvió a activarse, él trajo a escondidas a Nina Lowe, su amor de la infancia, hasta Eldon, después de mantenerla oculta en Jenton. Los dos terminaron pasando juntos siete días y siete noches. A diferencia de lo que había hecho en mi vida pasada, no irrumpí en la habitación como una loca para armar un escándalo. En lugar de eso, le cedí mi habitación y hasta preparé con cuidado un banquete para recibirla. Durante la celebración, incluso hice que mi hijo, Devin Stone, llamara «mamá» a Nina. Las conversaciones se detuvieron y el salón quedó en silencio. Nadie podía creer lo mucho que yo había cambiado. Yo me limité a sonreír. Tomé una copa de vino y se la entregué a Dominic con mis manos. —Debería acompañar a Nina durante los próximos días —le sugerí con calma—. Después de todo, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron. Este vino… Dominic no me dejó terminar. Me agarró de la muñeca y me sacó a rastras del salón. —¿Qué estás tramando? —me reclamó con el ceño fruncido—. Ya hablé con Nina. Intentaremos romper la maldición de amor y, de ahora en adelante, nos trataremos como hermanos. ¿Por qué vuelves a sacar el tema? En mi vida pasada había escuchado esas mismas palabras y me las creí sin dudar ni un segundo. Creerle fue el peor error de mi vida. Tiempo después perdí a nuestro segundo bebé y Nina quedó embarazada casi al instante. Cuando le exigí una explicación a Dominic, él mandó a encarcelar a toda mi familia. El día que, desesperada, rogué por ayuda, Dominic y Devin estaban junto a Nina mientras ella rezaba por el bebé que llevaba en el vientre. El día que ejecutaron a mi familia, los dos seguían a su lado, esperando que diera a luz. Yo me arrodillé en la nieve y supliqué que tuvieran piedad, pero nadie se compadeció de mí. Al final, morí congelada frente a nuestra mansión. Todavía recordaba aquel frío. Solo pensarlo hacía que me temblara todo el cuerpo. Aun así, mantuve la sonrisa y le encajé la copa de vino entre las manos. —General Stone, no diga eso —le respondí con una tranquilidad que no sentía—. Es un vino excelente. Debería probarlo.
Morí el día que intentó volver - Romance novels & stories
Golden Cicada
Tiempo atrás, le hice una promesa a la actriz más cotizada de la industria: si le pedía matrimonio públicamente noventa y nueve veces durante mis transmisiones en vivo, cuando lo hiciera por centésima vez, ella haría oficial nuestra relación. Sin embargo, cuando llegó el momento de mi propuesta de matrimonio número cien, ella estaba en un yate privado, besándose con un actor en ascenso. Sonreía con dulzura, completamente despreocupada. Así fue como terminé convertido en el hazmerreír de todos. Quizá por culpa, me envió un mensaje: «En tu propuesta número 101, te diré que sí». Poco después, se unió a mi transmisión en vivo. Parecía una diosa bajada del cielo. Pero, ante sus propios ojos, prendí fuego a las cien cartas de amor que le había escrito a lo largo de todos esos años, junto con el diagnóstico de cáncer de estómago que guardaba en la caja. —No habrá una propuesta número ciento uno, señorita Ford.
Cuando Dejé de Esperarte - Romance novels & stories
Luz Reyes
Mi prometido, Martín Salazar, tenía una regla extraña: después de las nueve de la noche no contestaba ninguna llamada. Ni siquiera hacía excepciones cuando estábamos en la etapa más apasionada de nuestra relación. En cuanto daban las nueve, colgaba sin contemplaciones. Una vez regresé tarde a casa y noté que un hombre me seguía. Presa del pánico, lo llamé, pero solo obtuve una respuesta cargada de impaciencia: —¿No puedes respetar mi horario de descanso? Voy a colgar. Aquella noche tuve que ir sola a la comisaría a presentar la denuncia y, aun así, sentí que no tenía derecho a reprocharle nada. Sin embargo, un día, mientras usaba su computadora, vi por casualidad en el registro de llamadas sincronizado con su celular una llamada que había comenzado a las nueve de la noche y terminado a las nueve de la mañana siguiente. Doce horas completas. Y no era un caso aislado: había registros similares casi todas las noches durante los últimos cinco años. Conocía muy bien ese número. Pertenecía a Lilia Robles, una estudiante de posgrado cuya directora de tesis era la madre de Martín y que, además, trabajaba como asistente de Martín. En ese instante, me quedé sin fuerzas. Permanecí sentada tanto tiempo que las piernas se me entumecieron. Después cerré la computadora en silencio y cancelé nuestra cita de matrimonio en el Registro Civil. Yo nunca había sido esa excepción. Y ya no estaba dispuesta a seguir esperándolo.
Ellos la Eligieron, Yo Elegí Irme - Romance novels & stories
Andrea Carolina González
En la fiesta de graduación, los cinco amigos de siempre jugamos a ver qué tan bien nos conocíamos. En la primera ronda, mi mejor amiga, Valeria Ríos, les preguntó a los tres chicos: —Si Clara y yo necesitáramos ayuda al mismo tiempo en plena noche, ¿a cuál de las dos rescatarían primero? Mis tres amigos inseparables de la infancia escribieron el nombre de Valeria sin haberse puesto de acuerdo. Alguien comentó entre risas que los tres estaban perfectamente sincronizados. Valeria explicó: —Tal vez sea porque yo soy la más miedosa. Clara es tan capaz que no necesita que nadie vaya a rescatarla. Los tres asintieron. Pero habían olvidado que, cuando yo tenía dieciséis años y quedé atrapada en la montaña, ellos me encontraron en medio de una tormenta y hasta discutieron por quién me cargaría durante el descenso. En aquel entonces, los tres me prometieron: —Pase lo que pase, siempre te elegiremos primero. En la segunda ronda me tocó hacer la pregunta. Los miré y leí la tarjeta con una sonrisa: —Si solo cuatro de nosotros pudiéramos ir juntos a la universidad, ¿a quién dejarían fuera? El salón quedó en absoluto silencio. Valeria se mordió el labio y fue la primera en mostrar su tarjeta de respuesta. Había escrito su propio nombre. Sin embargo, cuando los otros tres mostraron sus tarjetas, en todas aparecía mi nombre. Sebastián Vega, quien siempre había sido el más protector conmigo, habló primero: —Es solo un juego. No te lo vas a tomar en serio, ¿verdad? Mateo Lozano se apresuró a explicarse: —Valeria sufre ataques de ansiedad cuando está sola. No puede irse sin compañía a una ciudad desconocida. Gabriel Castro me acarició el cabello con la dulzura de siempre. —De todos modos, tú también elegiste una universidad de aquí. Aunque al final fueras tú quien se quedara, podrías volver a casa todos los días. No sería como abandonarte. Contemplé las cuatro tarjetas y, de pronto, también sonreí. Lo que ellos ignoraban era que yo jamás había pensado postularme a la universidad local que ellos habían escogido para mí.
Antes de casarme, desperté - Romance novels & stories
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
Me Perdió por Elegir a Mi Mejor Amiga - Romance novels & stories
Rebeca Rangel
Después de tres años de relación a distancia y de trabajar horas extra durante un mes para poder visitar a mi novio, llegué a su ciudad y no conseguí comunicarme con él. Esperé sola durante diez horas en un lugar desconocido. Cuando por fin alguien contestó una de mis llamadas, escuché a mi mejor amiga, Renata Lozano, hablar entre risas al otro lado: —Natalia, ¡sorpresa! Ya conocí Riomora antes que tú. ¡Es increíble! Esteban ha sido el guía perfecto. Siguió contándome anécdotas con entusiasmo. Yo escuché en silencio hasta que ella comentó que tenía frío. Solo entonces Esteban tomó el celular. —Primero voy a llevarla al hotel. Espérame un poco más. Antes de que terminara de hablar, le pregunté: —¿Sabes cuánto tiempo llevo esperando? Esteban guardó silencio un instante. Cuando respondió, su voz se había enfriado. —Es tu mejor amiga. ¿De verdad vas a competir con ella por mi atención? Ante aquel reproche tan evidente, perdí por completo las ganas de seguir hablando. Colgué justo cuando llegó el auto que había pedido para volver a Puerto Lirio. El conductor me miró con preocupación y dijo: —Esta zona es muy peligrosa a medianoche. Le recomiendo que no se quede sola. Bajé la vista hacia mis zapatos empapados por la nieve y respondí en voz baja: —Tiene razón. Luego sonreí. —No volverá a pasar. Nunca más.
La llamada de las once - Romance novels & stories
Jimena G.
Durante ocho años, mi esposo José Vega hizo siempre lo mismo. Cada noche, puntualmente a las once, hacía una llamada a Natalia López. Cada conversación duraba tres minutos. —Nata padece insomnio. El médico dice que necesita charlar con alguien antes de dormir —me decía él. —¿Y por qué tienes que ser tú? —En ese accidente, Nata se llevó el golpe por mi culpa. Me salvó la vida. Ocho años, más de dos mil novecientos llamadas de tres minutos. Me había obligado a mí misma a ser tolerante. Hasta nuestro tercer aniversario de bodas, cuando José por fin sacó tiempo para el viaje de luna de miel que nos debíamos. La víspera de regresar a casa, él estaba en la ducha del hotel. Yo estaba recostada sobre la cama revisando nuestras fotografías, cuando su teléfono mostró una videollamada entrante de Natalia. Al otro lado de la pantalla, ella yacía en nuestra cama matrimonial. Vestía mi pijama y apoyaba la cabeza sobre mi almohada. Sonreía directamente a la cámara y decía: —Josi, ¿podemos hablar un minuto más hoy? Te extraño muchísimo. Solo faltan tres minutos para nuestra hora habitual.
Fui el último en enterarme. - Romance novels & stories
Frost Kibble
Durante una cena de integración de la empresa, mis compañeros propusieron un reto: llamar a nuestros esposos o novios para ver cuánto dinero nos transferirían. Las reglas eran simples: ganaba quien recibiera la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo. Como de costumbre, volví a quedar en último lugar. —Seraphina, no te lo tomes a mal. Quizá el señor Brooks no sea muy romántico, pero al menos tiene dinero. Todos rieron, tratando de quitarle peso al comentario sin remover viejas heridas. Llevaba siete años ayudando a Conrad a levantar su negocio, y ni una sola vez había mencionado la posibilidad de casarnos. Cuando repartió acciones entre el equipo directivo, fui la última en enterarme. Y también estaba aquel día en que me diagnosticaron cáncer de estómago: mientras esperaba los resultados en el hospital, la única persona que permaneció a mi lado fue mi mejor amiga. Me limité a sonreír y guardar silencio. Entonces, mi mirada se posó en la joven pasante. Apretaba el celular entre las manos, con los nudillos blancos y la duda reflejada en el rostro. —Mejor no participo —murmuró—. Está de viaje de negocios. Debe de estar muy ocupado. El ambiente se volvió incómodo. Quise ayudarla, así que me incliné hacia delante con una sonrisa y activé el altavoz mientras marcaba su número. Esperaba que no respondiera. Pero, para mi sorpresa, contestó al instante. El salón privado quedó en completo silencio. Esa voz era inconfundible. Era la de Conrad, mi novio, un hombre reservado y poco romántico. Pero esta vez, su tono sonaba sorprendentemente tierno. —Amor, ¿recibiste el regalo de San Valentín que te mandé?
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