Serendipia
Sacó de su bolsillo algo que llevó a su boca con ambas manos, y una pequeña llama se incendió, dejando ver un rostro grande, con una barba de candado entre canosa y unas cejas gruesas, pero tan pronto como la llama apareció, se desvaneció en el aire, dejando un punto rojo que parecía ser un cigarrillo.
—El mismísimo Cuervo de Oro —dijo, con una voz lenta y seductora, que tenía un sutil, pero aún muy identificable acento español. Gabriel se quedó callado, y el hombre se quedó quieto, solo se veía en sus hombros lo calmada de su respiración, y Gabriel se preguntó si él lo vería en aquella penumbra —Claro que yo no soy muy fan de ese tipo de espectáculos —era una voz ronca y profunda —No me gus