Legítima
Lo seguí preocupando; dentro del despacho se encontraban, Ramiro, el beta de la manada, y Agustín, el padre de Daría.
Mi padre tomó asiento en su gran escritorio, mientras que el beta, el señor Agustín y yo permanecimos de pie.
—Alfa, la señorita Sullivan debe estar dentro de manada, hemos rastreado los límites y no hay señal de que haya atravesado la frontera o algo parecido —informó Ramiro.
—Es extraño, todo esto, cómo es posible que no haya dejado rastro —agregó su padre—. Máximo tampoco logra sentirla.