La Hija de mi Esposa: Mi Tormento
Pero de pronto, como un flash oscuro, recordé los últimos meses.
Recordé la cabaña, el Hotel Vesper, su oficina, la carretera, entre otras partes.
Recordé las veces que Alejandro y yo nos habíamos dejado llevar por la pasión. Sexo salvaje, apresurado, en lugares y momentos absurdos, sin protección. En el calor del momento, su control desaparecía y mi razón también.
Las palabras de Eva sobre la "adicción al sexo" de Alejandro repicaron con un significado nuevo y escalofriante. No solo se trataba de su apetito, sino de la imprudencia que compartíamos.