El Ardiente Capricho de la CEO
La Lunática estaba vestida con un traje de ejecutivo negro muy ceñido, de falda, la cual, a mi parecer era demasiado corta para una CEO, o por lo menos para la que yo consideraba mi mujer, y menos cuando yo tenía la sensación de que había por lo menos, más de doce bomberos mirando embelesados esas piernas torneadas, de tacto duro y rabiosamente sexis, que yo había recorrido, la noche anterior, con mi boca, y mis manos.
- “¿Para esto es para lo que querías que viniera verte al parque, jefe Hernández? ¿para ver un espectáculo de boxeo?”- me dijo seria, con las manos en las caderas, un gesto que desde la conocía, la había visto hacer mucho, solía ser una clara señal de que, para la CEO, por lo