FANTASÍAS PECAMINOSAS DE PAPI
Mia tenía esa pequeña peca justo en el pómulo izquierdo, Lia tenía la leve cicatriz blanca sobre la ceja derecha y las dos masticaban chicle rosa que hacía que sus labios se vieran aún más carnosos.
—¿Qué pasa, Alex? —preguntó Mia, haciendo explotar su chicle e inclinando la cabeza para que su cola de caballo le rozara un hombro.
—Sí, ¿corres detrás de nosotras por alguna razón, cariño? —añadió Lia, acercándose hasta que su pecho casi rozó el mío, su perfume golpeándome fuerte, dulce y un poco sucio, como vainilla mezclada con algo que hizo que mi polla se sacudiera dentro de mis jeans.